Tiempo de traiciones

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MARCOS RUBIO

Intentemos leer el momento, lancemos pinceladas de trazo grueso y atrevámonos a proponer un pronóstico sabiendo que probablemente será erróneo. Björk, Nick Cave, Artic Monkeys en el Primaverasound;  Gorillaz, Thom Yorke y LCD Soundsystem en el Sonar ¿ Se han preguntado por qué cuesta tanto que aparezcan nuevos cabezas de cartel en los festivales? Los Simpson, Perdidos, Friends, Twin Peaks, Juego de Tronos ¿Será posible en el futuro dar con una serie  capaz de sumar audiencias y prestigio hasta conseguir influir en los gustos de toda una generación?  ¿Qué ha pasado con los “hombres” de Estado  y con los proyectos comunes?

La sobreinformación, la balcanización de los gustos provocada por las redes sociales, la disolución de las certezas, el triunfo de los relatos simples y la búsqueda de las emociones se llevaron por delante los liderazgos sólidos. Como advirtió nuestro maestro Bauman,  todo es ya fluido y cambiante ¿ Se acuerdan de cómo aquellos sms del  pásalo  fueron  capaces de movilizar a la gente y  de tumbar el relato gubernamental que atribuía a ETA los atentados terribles del 11 de marzo? Los spin doctors tomaron nota y saben que una última pirueta emocionante y certera podría poner de su parte a los indecisos y a los cansados. Cada vez hay menos fidelidades, ya no confiamos ni en lideres políticos ni en especialistas. Se acabó el tiempo de los redentores y llego la época de la insatisfacción permanente y del mal menor ¿Si lo que más quiero es mi móvil y a los nueve meses lo quiero cambiar, qué no haré con mi Pablo Iglesias o con mi Pedro Sánchez?

Los ochenta fueron años de desarrollo de un tímido Estado de Bienestar que abrió ventanas de oportunidad al nepotismo y a la corrupción política. La segunda mitad de los noventa  aceleró los procesos de privatización e incrementó las oportunidades de enriquecimiento ilícito. La llegada del boominmobiliario multiplicó por mil las posibilidades de gobernantes y amigos para corromperse hasta el alma. Parte de esa mierda acumulada empieza a llegar a su última etapa judicial, las sentencias se suceden y golpean en la credibilidad de los gobernantes. La gente está harta.

Siempre son los tuyos los que te pueden hacer más daño, a eso lo llaman periodismo de investigación.  Se superponen los procesos judiciales y los escándalos políticos. El entramado financiero, mediático, político e industrial busca acomodo en un contexto de malestar social y de desencanto general. Del bipartidismo de suma cero al cuatripartito inédito escorado a la derecha. La volatilidad es el suelo; en muy pocos votos se podría jugar el asalto a los cielos. Cuando todo va peor es cuando se agrieta la realidad y los políticos ambiciosos encuentran más oportunidades para ascender en los puestos de dirección. En el PP, en el PSOE y, probablemente en Podemos, la lucha por buscar la mejor posición para el futuro se debe estar jugando a cara de perro. Solo Ciudadanos, que es la derecha sin pasado, el populismo sin rubor, la bandera en la ventana y el himno de Marta Sánchez, puede ofrecer un futuro a sus afiliados y a sus cuadros directivos más prometedor.

Las élites andan confusas entre el azul de siempre y el naranja hiperactivo y no se fían del líder del PSOE. De Pedro Sánchez no se fía ni Pedro Sánchez.  Ha demostrado ser tan impredecible como confuso. Cuando parecía que todo era lazos amarillos contra banderas de España, llega la prisión de Zaplana y la condena  del Partido Popular y  todo se llena de electricidad estática.  Ese es el momento en el que  Pedro Sánchez, un político con planta de cantante melódico algo falto de voz y de carisma, decide  presentar una moción de censura y, de repente, todo cambia. Debieron pensar en Ferraz  que estaban ante una de las ultimas oportunidades para no desaparecer y lanzaron el órdago.

¡ Qué suerte! – Piensan los podemos algo cansados del liderazgo Pinpinela. Irene y Pablo han dinamitado el relato del pueblo contra la casta, de la austeridad franciscana, de los chicos de barrio con ropa de Alcampo y han demostrado que  podrían  hacer votar a la militancia  hasta el color de las cortinas del chalet. Ahora no es el momento, ya llegará Vista Alegre III y, entonces, no quedará otra que enfrentarse a todas las contradicciones pendientes.

Todo se vuelve sensaciones  en un mundo de mensajes de 140 caracteres. El circo mediático ha enchufado focos, cámaras y micrófonos porque huelen algo. Millennials, parados de larga duración, panteras grises, mujeres, gentes de la España vacía, estudiantes, autónomos, población urbana, todo el mundo ha notado como la realidad se tensa. Desde el 2008 se vive  en un Presente peor y el Futuro es una mercancía averiada. Como advierte el periodista de La Vanguardia Enric Juliana, el cráter catalán seguirá lanzando lava  pero está por ver la magnitud de la insurrección capitaneada por los socialistas. Todo el mundo parece descolocado y todo puede pasar, incluso que no pase nada. Lo que queda por resolverse en los juzgados podría acabar con el PP y no se descarta ni el adelanto electoral ni nada. Todos andan intentando mejorar su posición,  se debe estar conspirando y traicionando a mansalva. Cuidado con los amigos y con descuidar las espaldas, la puñalada definitiva nunca se ve llegar.

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Crónicas Sísmicas

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Carlos Torres

Misa en la basílica, limusina Hammer y coreografía con chamberlanes vestidos con trajes de saco. Las fiestas de las quinceañeras son la institucionalización mexicana de las prisas por crecer que tienen todos los adolescentes del mundo. Para comprobarlo, lo mejor es ir al Ángel un viernes por la tarde y sentarse en sus escaleras a observar. Los tanques blancos con niños asomados al techo van y vienen por Reforma mientras pienso que cada metro de chapa del coche blindado son decenas de horas extra que los padres han tenido que hacer para poder pagar la fiesta a plazos. No una fiesta cualquiera, claro, es la fiesta de los quince años, que es más o menos lo que una familia promedio mexicana debe tardar en reponerse de los fastos.

Comitiva tras comitiva, las quinceañeras descienden del Hammer vestidas como una magdalena de frutos rojos y rodeada de un ejército de soldados repeinados con gomina y armados con acné al que el uniforme les viene grande. La homenajeada se toma la foto primero con ellas, luego con ellos y, al final, el fotógrafo empotrado en la cobertura de esa guerra de hormonas, les pide que den todos un salto para cazarlos al vuelo como gusanos que se convertirán en mariposas. De regreso a la limusina ellas caminan como si estuvieran en una pasarela y ellos con la forma de andar que creen que tienen los muchachos del Bronx. Yo también fui así y no sabéis cuánto me alegró de que no hubiera fiestas de ese estilo en Aspe.

BACKGAMMON

Hay unos abuelos que siempre juegan al Backgammon en un bistro francés de la calle Álvaro Obregón. Una mañana por fin me atrevo a sentarme junto a ellos, pido un café y me dispongo a observarlos desde una mesa donde tengo buenas vistas a su juego. Me atrae la pose del más viejo. Lleva americana a cuadros crema y marrones, gafas doradas, zapatos negros, una camisa que fue granate y un pelo amarillento que da la sensación de que el hombre fuma por su cabeza desde hace años. El viejo me ve mirarlo y hace una mueca, todavía tiene todas las teclas de su dentadura pero su sonrisa está desafinada por completo. Como muchas otras cosas en México, tras su risa es imposible saber si el abuelo va ganando o hace tiempo que lo ha perdido todo.

LA PATRIA EN LAS ROTONDAS

Al entrar al DF desde Cuernavaca hay un monolito que glorifica a los héroes nacionales. Cada vez que leo en un momento similar alguna inscripción que dice algo así como “la patria a su héroes” pienso que, en realidad, el martillo gubernamental debería haber cincelado: “la patria a sus guionistas”. Las historias nacionales son como una película, algunos pasan horas y horas reescribiendo todos sus diálogos en la sombra pero después sólo se llevan el mérito los actores.

FLAMENCOS EN CELESTÚN

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Las barcas de los pescadores de turistas esperan clientes en la misma orilla por la que un vendedor de dulces se pasea ofreciendo merengues.  A treinta y dos grados, esas pequeñas montañas dulces y densas son un oopart, una anomalía climática y temporal que chirría en el paisaje de playa. Delante de nosotros está el Atlántico más manso que yo haya visto nunca, detrás un pequeño pueblo maya salpicado de palapas donde se les da de comer a los turistas. En los altavoces del local suena Experiencia Religiosa de Enrique Iglesias mientras el termómetro sube ya de los treinta y cinco grados y cuatro vascos calvos hablan bajo una sombrilla de la calidad del txangurro en no sé qué restaurante de Euskadi. A juzgar por el tono de su piel después de una larga mañana de chiringuito, es una suerte que en esta latitud no se sirva el producto del que hablan, porque con este calor no tengo cuerpo para presenciar la primera sesión de canibalismo de mi vida.

MÉRIDA LA BLANCA

Como en la península del Yucatán hace tanto calor que no está mal visto acudir a las reuniones con la camisa sudada, uno camina por la calle a la espera de encontrarse con un seleccionador español de fútbol cada vez que gira una esquina. Los pantalones cortos, en cambio, una prenda delatora de turistas. Un buen yucateco siempre lleva un pantalón largo que cubre sus pantorrillas ante la amenaza de los mosquitos. Obligado a elegir entre el veneno de las picaduras y la cocción de un vaquero, paso una mañana buscando unas bermudas que me ayuden a caminar sin sentir que cada paso es una proeza. Y eso que se supone que febrero es uno de los meses más benévolos para visitar las tierras de los mayas. Al menos eso escribí en mi libreta mientras sorteaba las bombas de agua salada que dejaba caer mi frente sobre la página en blanco, cocida a treinta y muchos grados y ochenta por ciento de humedad. Dos meses después volví y, aunque el recepcionista de mi hotel insistía en que tenían encima un frente frío, Mérida ardía del mismo modo. Quizá por eso, la ciudad consagra la siesta de una forma ritual que se materializa en las ofertas de los vendedores ambulantes. En la península del Yucatán, los comerciantes te ofrecen hamacas en casi cada calle: “Hamacas baratas, amigo” repiten todo el tiempo como si lo caro de una hamaca fuera su tela y no tener un espacio en casa para colgarla.

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TULUM

Tulum es un paraíso hippie al sur de Cancún. O al menos eso dicen los anuncios. Nia y Marta se fueron de excursión a Chichen Itzá y me quedé sólo en la ciudad justo el día que cumplía cuatro años de relación con mi marcapasos. Para celebrarlo, alquilé una bici sin marchas y subí a las ruinas con el sol en la espalda y el porta bidones vacío. Aunque la cadena se salía a cada bache, pedalear me hizo bien. No diría que alcancé el nirvana pero confundí una sombra con Dios. Después quise bañarme en el Caribe, pero una plaga de algas de cinco metros impidió mantenerme en paz con mi instagram. Los lugareños lo llaman sargazo y para los turistas franceses que abarrotan los hoteles boutique es una sensación similar a la que tiene un japonés cuando viaja a Barcelona para ir al Camp Nou y ese día Messi no juega. Brindé con una Victoria primero y con otra después. Una por mi marcapasos y otra por todos esos bañistas pisafresas que exigían a gritos a los trabajadores del hotel que hicieran algo con las algas.

 

La Plata, el desorden inesperado.

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Marcos Rubio

La publicación del excelente Desorden (Sonido Muchacho, 2018) de los valencianos La Plata supone constatar que el formato clásico de guitarras, bajo, batería y teclados todavía sirve para que jóvenes veinteañeros reflejen su tiempo, sus anhelos, sus temores, sus aciertos, sus fracasos y, en definitiva, sus vidas. El disco recoge diez composiciones que suman elementos actuales y materiales y referencias que, en algunos casos,  proceden de un pasado que se esfumó antes de que nacieran. Hay creaciones que, más allá de las calidades intrinsecas, son capaces de trascender para convertirse en ilustraciones certeras de su tiempo. El proceso de renovación del pop español más excitante ya ha comenzado.

I.- Fracaso

“Sin tu quererlo acabó sucediendo, Te has confundido con alguien que fingiste ser”. La obligación de simular se convierte en una exigencia. En un mundo  saturado de personajes felices no es fácil reconocer tus miedos. En la memoria del móvil miles de  imágenes y pocas palabras que realmente importen. Todos parecen disfrutar del éxito: cantantes de reaggeton con chicas exuberantes en la piscinas, futbolistas que visten y  veranean como mafiosos, jóvenes desenfadados en la publicidad del centro comercial,  rockeros de festival con la barba desaliñada y el aliento agrio, conocidos que salen del baño con la nariz sucia de euforia sintética o arquetipos triunfadores en las revistas de tendencias. No faltan modelos de seducción de un capitalismo que te lo ofrece todo y te lo aplaza después para un futuro que nunca llega. Si tienes veintipocos ya has aprendido que el éxito son muchos trabajos precarios encadenados, sueldos de pobreza y nula capacidad de imaginar un horizonte laboral optimista. En el capitalismo de ficción la imagen es el mensaje. Diego Escriche, letrista de La Plata, intuye que la batalla está perdida. Como mucho, se puede aspirar a que te confundan con quien finges ser. Cuando decides que el primer tema de tu álbum de debut se titula Fracaso, lo demás sólo puede ir peor.

2.- Perder el alma

Las canciones de los valencianos son un manojo de nervios. La batería y las guitarras se mezclan y estiran los tendones de las melodías. A veces son un grito medio ahogado ante la perdida y la desorientación, un lamento hardcore triste y crepuscular. El teclado pinta nubes grises como si estuviera realizando maniobras orquestales en la oscuridad. El bajo, siempre eficaz, suma esfuerzos para dar solidez al desaliento, casi siempre es de noche y casi nunca hay solución. No hay tiempo de nada. Deprisa, deprisa, hay que correr para llegar a ningún sitio. “ El incendio lo causó tu impaciencia. Te marchaste antes de tiempo. Al volver viste el fuego a lo lejos. Provocaste tú el incendio”. Nos advierten en el tema homónimo. Ahora sabemos por qué corren, intuyen que no hay escapatoria, ni  sitio donde ir. “Qué poco te ha durado el mapa. La ruta se ha echado a perder”, reconocen en Un Atasco.

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A veces, como ocurre en Espejismo, el bajo de Maria Gea da un paso al frente, su fraseo queda nítido pero no difiere del tono de desasosiego tenso que recorre las canciones del álbum. Por el contrario, con sus filigranas consigue que reparemos en que a veces las apariencias no engañan: “Apareció de la nada como un espejismo, Con la mirada perdida anclada en su interior”. La línea de bajo casi funky que inaugura la canción parece que vaya a introducir cierto color, los teclados de Patricia Ferragud insinúan algo de mar en calma. Después de unos segundos de suspense llega la batería de Miguel Carmona y la guitarra de Salvador Frasquet y toca volver a correr. Todo lo que podía ir mal esa noche terminará peor. En el último verso nos confirman casi a gritos el desastre: “en mitad de la noche perdiste el alma”.  El cielo de muchas de las canciones está lleno de desaliento, de incomunicación, de simulacros, de confusión, de vacío, de derrota, de nada. -“La luna llena De soledad. ¿ A quien la importa? Si ya no está-  Asumen con desesperanza en  Un Atasco, primer hit de la banda que apareció como canción estrella en el Ep de debut (Sonido Muchacho, 2017) y que encendió todas las alarmas; algo importante se estaba gestando.

3.- La genealogía del Desorden

El primer disco de La Plata se llama Desorden, como la canción de Joy División incluida en Unkown Pleasure.  El diseño de negro riguroso de la cubierta  parece el trabajo olvidado de Peter Saville para Factory. También en el vídeo de Me Voy hay cierta coreografía de regusto dark. En sus imágenes se muestra una Valencia decadente con edificios de estética brutalista, aparecen detalles de arquitectura gótica, se recorre un túnel o se sitúan debajo de un puente para recalcar la extrañeza de lo cotidiano. Cuando Patricia lanza el ramo de flores desde el viaducto de la Avenida del Cid para que se estrelle desconsolado contra el pavimento parecen buscar un guiño de complicidad con el Power, Corruption and Lies (Factory,1983) de New Order. El juego del color y del blanco y negro o de los tonos sepia aumenta la desazón de una historia de amor, perdón y despedida. Hay algún momento en que nos colamos en en el salón, en la ducha y en cualquier otro paisaje doméstico. Incluso vemos como el compromiso llega a la piel en forma de tatuaje. Cuando la historia salta a la playa todo se vuelve artificioso y teatral, la performance del grupo, con sus banderas y su aire marcial, consigue que nos acordemos de la extraña procesión de capuchinos de Semana Santa que se citan en la playa en blanco y negro de Atmosphere;  la canción de Joy Division editada en Francia dos meses después de la muerte de Ian Curtis.  Ser tan explícitos los aleja de la comparación y los acerca a la cita de autoridad.

Los valencianos no dudan en hacer explicita su admiración por banda como Antiguo Régimen  o Juventud Juché.  En su fiesta de presentación en Valencia se hicieron acompañar de Futuro Terror y de Vulk como prueba de su interés por los sonidos postpunk y el rock de abrigo negro y pelos cardados que tanto se bailó en algunas discotecas valencianas en la primera mitad de los ochenta. Sin embargo, la invitación a Sierra o a Heather en esa fiesta, parece reconocer  querencias más melódicas y el gusto por cierto  romanticismo frágil  de ramo de flores en el bolsillo. Todo ha empezado a irnos bien pero el cielo sabe ahora que nos sentimos miserables.

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En la entrevista con Carlos Perez de Ziriza para la revista Beat Valencia reconocen la influencia  de bandas de sonidos arty, oscuro y gótico de la incipiente ruta del bakalo, en su facebook se definen como synth pop y en algunas de sus primeras entrevistas se presentan como un grupo de sonido nueva ola sin explicar mucho más. Todo es equívoco, no hay  voluntad de marcar perfiles aunque intuimos que lo tienen claro. Quizás no quieren explicitar su posición ahora que todo empieza a coger velocidad. Cuando Pérez de Ziriza les recuerda el aire planetario de Me Voy parece como si quisieran descargar la responsabilidad en el productor: -“ La influencia principal de ese tema ha sido “ Waiting For Man” de The Velvet Underground y Iceage, una banda danesa. Y a la hora de grabarla con Carlos ha sido cuando ha adquirido esa personalidad un poco de los Planetas” –  reconocen en la entrevista. Algunas influencias son más cómodas que otras.

Resulta curioso no haber leído todavía algo que percibimos de manera subterránea en muchos momentos del disco y que tiene que ver con esos diálogos que el bajo y la batería establecen con los dibujos de las guitarras y que nos hacen pensar en The Smiths. Premeditado o no, esas melodías nerviosas y bellas alcanzan momentos de pura emoción. Además, lo que para Morrissey es cierta incapacidad de amar por timidez como en Ask (Rough Trade, 1986), o de mantener relaciones de una manera convencional como nos cuenta en el clásico Handsome Devil ( Rough Trade, 1984):  “Déjame poner mis manos en tus glándulas mamarias, déjame tener tu cabeza en el lecho conyugal, digo ,digo, digo. Restallo el latigo y saltas pero te lo mereces”- y más adelante- “ y cuando estemos en tu cuarto de estudios ¿Quién se tragara a quién?”, para Diego es también, como en Tu Cama, el escenario intimo e inevitable que convierte una relación sentimental en una confusión dramática: “Quiero echarme a dormir otra noche en tu cama. No tienes que mirarme, ni besarme, ni nada. No tienes que fingir estar enamorada. Solo quiero quedarme dormido en tu cama”– y poco después admite desolado “Estoy confundiendo los sentimientos. No hay futuro en esta emoción”.

La Ciudad

Al atardecer del primer día de fallas, con el cielo más gris que azul, nos cruzamos en la Calle Guillén de Castro con Diego y Patricia. Ellos no nos conocen pero nosotros los hemos visto en el vídeo y en su intensa actuación del 16 Toneladas. “ Estoy cansado y no puedo dormir, no tengo sueño. Creo que es por esta ciudad, le tengo asco”, reconocen mal encarados en Esta ciudad. Qué lejos están del tono de celebración de  València no s´acaba mai de Julio Bustamante o del grito político y populista del València, eres una puta de Senior. Ajenos al cambio necesario del gobierno de la ciudad, son muchos, en especial los obligados a adquirir responsabilidades adultas, los que siguen notando como el oxígeno se reduce tanto como las expectativas. La realidad personal y socioeconómica dibuja tu geografía. Caben muchas ciudades en una ciudad. De mis sitios favoritos de la ciudad, tan solo resisten dos o tres bares que han sobrevivido, heroicos, a los zarpazos  del tiempo, a los cambios del gusto y a las crisis demoledoras. De los lugares donde reinan los jóvenes apenas se nada. En el concierto de presentación daba alegría ver una sala repleta de chicas y chicos a los que les llevo casi treinta años. – ¿ Dónde se meterán los fines de semana?- me preguntó mi mujer -.  No supe que contestar.

El momento y la trascendencia

“Vas a cien por hora, no parece que esto sea un atasco”–  escribió Diego Escriche  en los primeros versos de Un Atasco, una canción mágica que compuso en su habitación antes de que el proyecto La Plata echara a andar. La música popular española es muy dada a los atascos, a situaciones de bloqueo, a presentes eternos que parecen dar la razón a esa tesis de final de la Historia que Fukuyama proclamó con provocación en su libro de 1992. Ocurrió con los grupos nacidos en la Movida y probablemente este pasando con los herederos de Los Planetas más rutinarios y de los Vetusta Morla más cómodos. Una vez que tenemos nuestro lugar preferente en el negocio sólo hay que esforzarse por mantener la posición en el cartel. Las bandas repiten esquemas, el público se acomoda al patrón, todo es un éxito, todo es igual,  adivinas los grupos que van a tocar pero eres incapaz de distinguir el festival. Todo es lo mismo, los discos son sólo una excusa para seguir tocando. Música mustia, sin sorpresas, sin aristas, sin pasión y compromiso. De la radio fórmula hemos pasado a la fórmula de la canción de hechuras épicas que funciona en los directos. Algunos han repetido tanto ese esquema que parecen incapaces de componer otra cosa: ¿Por qué tardarán tanto los grupos españoles en separarse?

La Plata se viste con colores oscuros, pantalones por los tobillos, botas o zapatos de inspiración Doc Martins, chaquetas amplias, bombers o cazadora vaquera abrochada hasta el último botón. Hay alguna trasgresión que parece provenir del rock alternativo; alguna melena descuidada, unas Vans Old Skool, algún estampado que rompe la uniformidad de colores. Sin embargo, nada emborrona la estética fría, el posado  pensado para provocar distanciamiento, hieratismo e incomunicación. Hay planos del vídeo y alguna foto en entrevistas que tienen cierto aire a grupos de synth pop o a bandas de pop oscuro surgidas tras el Punk y la New Wave. El diseño del nombre La Plata para carteles y merchandising  va un paso más y se retuerce en arabesco de inspiración gótica. Hay un aire general muy de aquellos años, una época aturdida por  los zarpazos de la crisis del mundo industrial sólido y por los estragos del desempleo galopante que vino con ella. Parece como si estos tiempos, frágiles, líquidos y precarios, que han llegado tras la Gran Recesión del 2008, rimaran con la sensación de pérdida y desorientación de aquellos primeros ochenta.

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Resulta muy difícil calibrar la importancia futura que tendrá este primer trabajo. Es un disco muy notable pero, quizás, no el definitivo. Podría ser el principio de una discografía necesaria o una estrella fugaz. Todo podría pasar. De momento, pones  Desorden en el tocadiscos  y con los primeros acordes de Fracaso percibes  que mucho de lo que se está haciendo en el pop español parece viejo de repente.  Cuando llegas a los versos finales de Me Miras Desde Lejos, que es la canción que cierra el disco  -“ Si no hay forma de salir Saltaré del techo  y tú me mirarás desde lejos”- , te toca reconocer que, pese a distancias generacionales y otras realidades vitales, sabían mucho mas de nosotros, de nuestros silencios y nuestros miedos de lo que podíamos intuir. Menudo desorden inesperado han provocado.

Atrapar los miedos

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Marcos Rubio

Cada época tiene sus miedos. Frankenstein y Godzilla. Una visita inesperada en la madrugada de la España derrotada de 1940. La muerte con la guadaña que te reta a una partida de ajedrez. Un coche que disminuye su marcha con forme se te acerca en una calle mal iluminada de Ciudad Juárez. Ratas muertas en las calles de la ciudad medieval anuncian que ha llegado la peste bubónica. Goya, en las paredes de la Quinta del Sordo,  tiene la tentación de pintar una gran mancha negra como un hongo nuclear. Tiendas judías con los cristales rotos. Cánticos patrióticos en el estadio del Estrella Roja. Sombras que se acercan desde los bosque de Mandara. Ruido enloquecido de machetes alentados por la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas. Miedo intimo encerrado en una carta que hay que abrir para conocer los resultados de los análisis médicos. Vértigo creciente ante los días sin trabajo y las facturas por pagar. La amenaza de no poder ni retener la casa te deja sin aire para respirar. En medio del ataque de ansiedad es muy difícil encontrar esos segundos de paz que te permiten pensar.

Cada época proyecta sus obsesiones como performances irreales,  da igual que sean  verdad o mentira, presencias,  ausencias o actos fallidos, lo importante es que agitan el agua, inyectan electricidad, disparen el temor y multiplican los testigos. Siempre tropezamos con alguien  que asegura tener un amigo que vio a quién disparo sobre Kennedy. Hay un Elvis gordo y viejo que sigue destrozando el Love Me Tender sin compasión en un garito de Las Vegas y hay armas de destrucción masiva en Irak. Imagino al expresidente Aznar contando posibles silos frente al mapa de un Irak agrietado; expertos en la materia afirman que es un método infalible  para conciliar el sueño.

II.-

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Una obra de arte puede ser muchas cosas y fascina como solo lo hacen algunas cosas  inútiles. Pueden ser pinturas mágicas que preparan la caza, estatuas de vientre enorme y pechos exuberantes que anuncian la fertilidad paleolítica o puede ser Jeff Koons y su mujer Cicciolina fingiendo pasión porno chic para celebrar la banalidad del capitalismo de ficción y de la época del vacío. Una pieza puede ser una huella del futuro o un puñado del aire que respiramos, puede ser un elemento decorativo o un grito de espanto ante lo que se nos vienen encima. Hay creaciones como momentos congelados que definen mejor su tiempo que cien libros de historia sobre la materia.

Son las 8 y 46 de la mañana, el cielo luce limpio en Manhattan, todo parece igual y distinto. En la imagen de la bahía el skyline  metálico brilla recortado sobre un fondo  azul claro. El sol frío de la mañana huele a limpio en el informativo. Todo parece congelado e inerme y  apenas se intuye un punto que se acerca obstinado hasta impactar con una de las Torres. Acabamos de entrar en otro siglo, la sociedad del riesgo busca su banda sonora. Dice Chuck Klosterman en la página 107 de  Pégate un tiro para sobrevivir ( Reservoir Books, Barcelona, 2006)  que  Thom Yorke había predicho de forma accidental los acontecimientos del 11 de Septiembre en Kid A. En Sábado, ( Anagrama, Barcelona,2006)  Ian McEwan  nos cuenta que  el neurocirujano Henry Perowne se asoma a la ventana de su casa y cree ver un avión en llamas que recorre el cielo de Londres. Es 15 de febrero de 2003 y hay una gran concentración convocada contra la intervención de Gan Bretaña en la guerra de Irak. El escalofrío que siente al ver lo que cree que ha visto no lo olvidará nunca.

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III

Hay autores que, como alquimistas mágicos,  han conseguido atrapar en algún pliegue de sus obras  rastros de los miedos y de los brillos de su tiempo. Don Delillo, Michel Houellebecq, David Lynch, Roberto Bolaño, Kate Tempest,  Banksy , Damien Hirst, PJ Harvey, Patti Smith etc. Te pones en el tocadiscos  Disintegration de The Cure y descubres lo fácil que resulta respirar en sus surcos un tiempo donde las certezas del mundo sólido se disolvían en el aire, los telones de acero se convertían en esperanzas y la utopia soviética se deshacía  como un azucarillo. Cambias a Hatful of Hollow de The Smiths y todo se llena de dramas pequeños,  puentes de hierro, parajes desolados, casas victorianas, lluvia en blanco y negro. Las canciones del cuarteto de Manchester son fotografías de Inglaterra un minuto antes de que el mundo posfordista, terciarizado y corporativo comience a redibujar el centro de las ciudades y las aspiraciones de muchos adolescentes. Massive Attack, Primal Scream, Nirvana,  Velvet Underground no faltan ejemplos en el mundo de la música de esa capacidad para atrapar las ilusiones, los miedos, las sonrisas y las angustias de su tiempo. Suena el Crystalline  de Omar Souleyman con Bjork y te entran  ganas de bailar y llorar por toda la destrucción que asola su país. Como en una maldición bíblica, al final no va a quedar piedra sobre piedra. Alepo, Homs, Al Raqq, etc., la barbarie humana es infinita. La guerra interminable está condenada a desaparecer de nuestra pantallas el día que se desplomen las audiencias definitivamente.

IV

Un Avión norteamericano AC-130 sobrevuela el cielo de Kunduz en la frontera de Afganistán con cierta pereza. No parece que vaya a ningún sitio ni que tenga un plan concreto. De repente, se agita como un pescado, reduce velocidad y con estruendo inesperado deja caer una lluvia de fuego sobre un edificio prefabricado y sin terminar. La construcción rectangular  se retuerce como un escarabajo pisoteado. Era  un hospital de Médicos Sin Fronteras y ahora es un amasijo de plástico, hierros, ladrillos, aluminio y cristales rotos. Hay varias hogueras, las columnas de humo ensucian el cielo. Tras el estrépito todo se ha congelado, tan solo los incendios y el humo parecen seguir con vida. Hay poco que se pueda recuperar, más de treinta personas han sido asesinadas en el bombardeo. La versión oficial y burocrática habla sin emoción de error humano y de daños colaterales. Cuesta creer que solo haya sido eso en tiempo de drones, satélites inteligentes, big data y goggle earth; los hombres de Altamira eran más precisos con su armas de sílex.

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V

 Noche de Rock en el Bataclan, la sala parisina está situada en Republica, un barrio algo alejado, tradicionalmente barato y mestizo, que en los últimos tiempos se ha puesto de moda como respuesta a la turistificación del centro de la ciudad. En esta noche fría de noviembre tocan los Eagles of Death Metal, una banda californiana que, pese a su nombre, no hacen heavy oscuro sino rock alternativo. Tocan  canciones enérgicas  con bajos grueso y baterías musculosa. Es una música  con  cierto aroma sureño y guiños incluso de blugrass. El vientre del viejo teatro parece el sitio más seguro del mundo pero de repente empieza el horror, las detonaciones caprichosas, los gritos de terror,  la música del escenario ha desaparecido con violencia, tiros y más tiros, carreras y gritos.  Dolor y espanto. La pesadilla parece que no va a acabar nunca. Nadie entiende nada y al momento se entiende todo y es peor, como en el puente de Londres, como en el mercado de Borough, como en las inmediaciones de la antigua sede del Ministerio del Interior en el centro de Kabul, como en la Rambla de Barcelona junto al mercado de la Boquería, como en  la playa de Túnez frente al Hotel Imperial Marhaba, como en tantos y tantos lugares que ya conforman puntos de dolor en la  geografía del terror. Al poco, siempre aparece un comunicado de  la agencia de noticias Amaq, vehículo de propaganda del Daesh, para reivindicar los asesinatos con tono orgulloso y para amenazar a los enemigos del califato con más sangre, fuego y destrucción.

VI.- En la plaza del Trastevere, a la entrada de Santa María la Mayor, en las escalinatas del Trocadero, en los alrededores del puente de Westminister, en el mercado navideño de Breitscheidplaz, en las calles comerciales más concurridas del mundo, en estaciones y metros, en espectáculos deportivos y en cualquier lugar donde se congreguen muchas personas hay vigilancia policial y patrullas del ejército que pasean  aburridas con gesto serio. Los controles son una performance que finge cierta capacidad de respuesta frente a la amenazas difusas. Las fallas valencianas de 2018 pasarán a la historia por sumarse a esta tendencia global de los gestos preventivos. Todos los días de marzo, hasta el  gran día de la cremà , la plaza del ayuntamiento  ofrece un concierto visceral de pólvora y cohetes  que busca dibujar con explosiones una melodía que te devuelve la euforia primitiva  de la vida que reverdece. Poco  antes de las dos,  la plaza se llena con miles de personas  que  quieren disfrutar de la mascletà y que terminan  desparramándose por las calles de alrededor. Este año, por primera vez, la policía  impide ocupar varias calles adyacentes que quedan reservadas como vías de evacuación por si ocurriera lo imposible. El vacío que se crea pesa como el miedo y refuerza su anomalía en  contraste con el bullicio y la alegría de las  calles llenas a reventar. Se consigue así una imagen de desolación paradójica que tienen  poco  que ver con la poética de los campos de futbol de las fotografías de Bleda y Rosa ni con los espacios vacíos y meditativos de Hamish Fulton, es más la aceptación de una derrota, el recordatorio de que hasta lo más espantoso puede ocurrir y entonces harán falta esas calles despejadas.

VIII.-

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Cada épocas tiene sus miedos, algunos corren por nuestras venas desde la noche de los tiempos y otros son nuevos elementos que como obras de arte dislocadas consiguen sintetizar nuestros nuevos temores. Una bolsa de deporte abandonada en el vagón del metro, unos cargos en nuestra cuenta corriente que no recordamos haber hecho , un guasap comprometido enviado a la persona equivocada. Cada tiempo tiene sus propios temores que a veces son animales antiguos vestidos con nuevos ropajes.  En el primer acto multitudinario de las fallas 2018, en esa Cridà que reúne a miles de personas frente a las torres de Serrano, muchos de los asistentes aseguraron conocer a alguien que aseguraba haber visto a un joven de piel oscura, con mochila a la espalda, que rezaba mirando al cielo ajeno al jolgorio general. Algunos dicen que eran incluso dos los orantes ensimismados en sus plegarias. Alguien se dio cuenta de la anomalía y lo comentó un equipo de la televisión que debió llamar a la policía. Al día siguiente, Facebook recogía una versión temerosa de todo el  incidente. No sabemos si intervino la policía o se desvanecieron como las pesadillas cuando abrimos los ojos pero el hombre con la mochila que recita versículos del Corán como anticipo del estallido final es ya uno de los iconos de nuestro tiempo, otra de esas imágenes que atrapan nuestros terrores contemporáneos. En la más profundo de las cuevas de Altamira, pintado con el mismo tono de color que utilizó Goya en sus pinturas negras, se ve, entre cabras y bisontes, la figura esquemática de un hombre que parece llevar algo a la espalda y reza mirando al cielo.

Crónicas Sísmicas VII Salir de la Ciudad

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Carlos Torres

I

Hace un par de semanas tomé un autobús desde la central de camiones del Norte hasta Guanajuato. Salir un viernes por la tarde de la ciudad es algo así como querer tener primera línea de playa en Benidorm sin levantarse a las seis de la mañana y estar dispuesto a pelear por tu vida con un ejército de jubilados. Supe de la terrible proporción del embotellamiento gracias a mi nariz porque, aunque es desagradable vivir sometido al régimen de los ácaros que habitan en las tapicerías, estornudé más o menos cada veinte minutos y el autobús apenas había avanzado un par de kilómetros en cada ocasión. Si en alguna vez alguien me hace enumerar mis superpoderes, no debo olvidar añadir uno nuevo a mi lista. Carlos Torres: corazón clínicamente grande, puede torcer su dedo pulgar 180 grados y utiliza el picor de su pituitaria para medir el tamaño de los atascos.

II

Yo también he descargado la aplicación que anuncia las alertas sísmicas en el teléfono. Acabábamos de brincar de estado cuando se activó. Un temblor de 7.2 sacudió a la CDMX mientras nosotros nos íbamos de excursión. Hoy, cuando escribo mis crónicas, un plomero está revisando la humedad que procede de la rotura de una tubería en nuestro baño y que él adjudica al movimiento generado por el último sismo. Pinches placas tectónicas que, cuando consigues alejarte de ellas y librarte de salir a la calle en calzoncillos mientras tus vecinos corren y los perros ladran, todavía encuentran el modo de vengarse de ti.

III

Atrás quedaba Querétaro cuando Guanajuato nos cobijó. De haber sabido que el autobús sería más cómodo que el hostal hubiera echado una cabezada en lugar de mirar por la ventana. Sin embargo, en aquel momento, todos los tonos de amarillo de las montañas desnudas parecían recuerdos de mi infancia: las bandadas de pájaros que parecían tordos, las sierras melladas por las canteras, las columnas de humo de las quemas de sarmientos y el cauce seco de un río que hace demasiado tiempo que se tomó un descanso y ya nunca volvió. Aunque aquí a las paleras las llamen nopal y al higo chumbo se le haya bautizado como tuna, me costaba diferenciar entre aquel paisaje mexicano y el del secarral alicantino en el que me críe. No en vano, mi abuelo siempre contaba que “El retorno de los siete magníficos”, la secuela del famoso western, se rodó en Agost y que los miembros de producción visitaron mi pueblo a la caza de hombres gitanos que pudieran hacer pasar ante la cámara como pieles rojas. Ignoro si el casting tuvo éxito pero, como todavía quedaba una hora de luz, abrí bien los ojos y me preparé para encontrarme con el viejo Ford Orión de mi padre o la mobilette con la que mi abuelo Pepe se acercaba a matar el tiempo en la huerta después de su jubilación. Estaba convencido de que esa carretera entre estados mexicanos del interior podría llevarme de mis actuales 32 a aquellos felices 14 alicantinos hasta que, en un punto entre Camargo y Rinconada de San Miguel, nos encontramos con una línea férrea en mitad de la nada y todo mi plan de viaje en el tiempo cambió de rumbo. Toparse con las vías de un tren en México es como descubrir las huellas de un dinosaurio extinguido. Un tiranosaurio metálico que muchos habitantes de la capital sueñan con clonar para poder viajar a sus lugares de origen sin tener que someterse al rigor de un tráfico mitológico. Aquellos rieles me despistaron y ya no pensé más en mi paisaje interior hasta que vi cabalgar a un muchacho cerca de la carretera y me acordé de Yul Brynner y de lo mal que debió pasarlo su calva bajo las llamas del sol alicantino.

La superficie posible

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Las huellas del presente

 

I.- Concepciones recalentadas y realidades precocinadas

Cena recalentada cuando llego tarde a casa para certificar que siempre será después, el presente se desmaterializa y se mantiene inalcanzable como el horizonte, alejándose un poquito más con cada paso que damos en su dirección, con  cada nueva versión del sistema operativo y con cada avance en microbiología.  Tal vez sea por eso que la edición de Arco 2018 se decidió reflexionar  sobre el futuro dando por sentado que el presente sin esqueleto era  ya una sustancia inalcanzable.

Las grietas que provocaron la caída de Lehman Brothers y todo lo que vino después aceleraron el proceso de centrifugado de la realidades sólidas. La hiperconectividad de los ordenadores y más tarde de los smartphones convirtieron la información en un océano constante de noticias y mentiras al alcance de todos. Conforme se reducía la circulación de los periódicos, se desplomaban los ingresos publicitarios, se despedía a periodistas y se precarizaba todo el sector lo sensacional  ganó cuota de pantalla.  La necesidad de buscar la verdad y explicarla fue perdiendo interés y, además, era caro. Del incendio de los medios de comunicación tradicionales se escaparon algunas figuras insignes que siguen pontificando sobre la importancia de la prensa para la democracia o dando tutoriales de cómo ejercer periodismo de investigación.

La crisis de las subprimes y el descontrol de las hipotecas locas  llenaron de miedo todo las arterias de la economía mundo. La crisis se hizo depresión y alteró el ecosistema y las expectativas. El fin de los prestamos baratos, el paro, los recortes, la precarización exprés del mercado laboral, el riesgo de exclusión social,  los desahucios, el repunte de los suicidios, el incremento  de ansiedades, de  depresiones tejieron una realidad que a duras penas se colaba en los medios mainstream ávidos de historias de emprendedores con éxito, de impactos de la vida bizarra y de jugadores de futbol millonarios y egoístas como el hipercapitalismo sin espíritu que los encumbraba; de  Marx y Engel a Florentino y Cristiano, del Manifiesto Comunista a los problemas con Hacienda de las estrellas del planeta futbol.

La distancia entre ricos y pobres se fue haciendo sideral, las guerras asiáticas, las epidemias africanas, el terrorismo espectacular que golpeó con espanto en el corazón concurrido de nuestras ciudades, las suelos cuarteados de la sequía, las amenazas del  calentamiento global,  los migrantes como sombras ahogándose por cientos en el mediterráneo, el fantasma de Fukushima y la generalización de imposibles como el Brexit incrementaron la sensación de riesgo y de desasosiego. En las zonas oxidadas por la globalización se cocinaba la reacción.

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Los calambres de la precariedad y la decepción azotados por la corrupción de las clases extractivas  activaron respuestas de resistencia desde abajo y al margen de los partidos políticos. La sacudida de las primaveras árabes tuvieron sus replicas en las plazas españolas y en otras ciudades del mundo conectado. Se amagó con la revolución democrática de la gente y de las mareas  pero el momento jacobino dio paso a la reacción populista que habría de llevar al rubio del tupe a la Casa Blanca y las banderas de España y las esteladas a los balcones. La berlusconización de la política se convirtió  en tendencia de estos Tiempos Tristes y los movimientos Macron-Renzi, aplaudidos por  el conglomerado corporativo mediático, cogieron velocidad  como un nuevo producto eficaz para los desencantados de la política tradicional. Era agitación sin ideología como la agricultura sin tierra,  era la nación sin revolución, modernidad sin emancipación,  supuesta eficacia sin utopía, era liberalismo sin contradicciones, era la nada con todo su encanto, era la mejor opción posible frente a  una derecha agusanada por la corrupción y la socialdemocracia desnortada e incapaz  de encontrar una voz  creíble en los mares agitados de la globalización y el dumping social.

II.-  Horizontes posibles.

Ya en el 2010 Ignacion Ramonet levantó acta en su libro La explosión del periodismo ( Madrid, 2011) de como de los medios de masas se estaban convirtiendo en una masa de medios. El tejido envolvente de Facebook, Twitter, Instagram. WordPress, Youtube,  Blogger y demás redes sociales multiplicaron por millones esa realidad. La conversación global se convirtió un ruido furioso  y la búsqueda de likes que disparan la dopamina derivó en una necesidad imperiosa tanto para el individuo narcisista que busca seguidores para su ego como para las empresas ansiosas del reconocimiento publicitario. Periodistas precarios, freelances a la fuerza, intrusos, aficionados, especialistas, enfadados, fans, lobistas, centros de estudios, grandes corporaciones, periódicos digitales, publicaciones prestigiosas, fanzines, páginas web de expertos y de don nadies, espías, furiosos, medios de comunicación tradicionales, ciberpunks, tarados y  todo primate con un teléfono móvil  publicando sin pausa. Millones de post a la hora casi todos provenientes del recalentado de materiales precocinados por potentes centros emisores como los medios de comunicación tradicionales. El cierre de Interviú fue la constatación de que un tipo de periodismo lento se estaba  agotando; la crisis de los blogs de mitad de los 00  también dejó bien claro que ya éramos demasiados saturando la meidaesfera. La máxima del músico y agitador escocés Momus de que en el futuro todos tendríamos quince seguidores había pasado de utopía a quimera. Solo unos cuantas empresas de medios de comunicación, algunos periodistas de los tiempos sólidos y algún youtuber espabilado parecían con capacidad de sobrevolar  al ruido eterno y posicionarse firmemente en las ranking de audiencias. Es un poco triste ver a algunos de nuestros medios de referencia pedir unas monedas para mantener la sostenibilidad y la independencia.

Hay una parte del arte contemporáneo que no renuncia a escrutar el futuro y en Arco 2018 se propusieron que estas expresiones de lo que tenía que llegar ocuparan un espacio expositivo importante. Los que entraban en IFEMA  se encontraban con piezas donde las tecnologías habían pulverizado la sensación de realidad, contemplaban productos híbridos, se enfrentaban a colaboraciones imposibles o eran increpados por intentos de creación de mensajes alternativos a los del poder.  Tampoco faltaban las piezas que especulaban con escenarios posibles y otras que mostraban realidades hiperlinkeadas y sin historia. Cuando nadie lo esperaba se coló ente los estand enmoquetados de la feria  el fantasma de la censura, la misma que encarcela a raperos, encausa por enaltecimiento del terrorismo a creadores irreverentes o se plantea el secuestro de libros incómodos a riesgo de hacer quebrar la editorial. En el caso de Arco, las autoridades fueron tan burdas que convirtieron una pieza que ambicionaba provocar de forma pueril en un éxito total, un God Save The Queen vendido de manera fulminante por 80.000 y omnipresente de manera instantánea en todos los portales de noticias ¿Es el recrudecimiento de la censura parte del programa político de la derecha macho o son residuos del pasado autoritario que se reactivaron ante la posibilidad de perder cuotas de poder?  Igual es todo.

Bienvenidos al futuro de un presente donde se multiplican  los trabajadores como Ana, que ha conseguido un contrato indefinido de diez horas semanales en una cadena de supermercados. El  empleo pobre llegó con la crisis pero se está generalizando  en la recuperación; son  increíbles los niveles de precarización que se están alcanzado incluso en sectores como el cultural, el mediático, en el de la investigación o en el de la docencia universitaria.  El entusiasmo es el opio del pueblo, la profesora  Remedios Zafra lo advierte en su  ensayo premiado por Anagrama ( Barcelona, 2017);  solo  reconfortados por nuestro trabajo vocacional soportamos unas condiciones laborales de explotación que nos obligan a aplazar  nuestras aspiraciones vitales  para un después que, como el horizonte del primer párrafo, se aleja con cada paso que demás en su encuentro.

Más allá de lo  cocido y lo crudo,  de lo apolítico y de lo integrado, en la Superficie Posible vamos a intentar  abrir los ojos para ver que hay fuera de las zonas de trasparencia, de los relatos sentimentales y de los consensos prestablecidos. No nos queda otra que sumarnos al reciclaje informativo y a la hiperinflación de las opiniones, al uso de noticias precocinadas y al recalentamiento de informaciones ajenas. Con todo,  nos vamos a esforzar por mirar a otros lugares, por poner nuestra atención en otros espacios, por olvidarnos de los lugares comunes y por entretenernos en lo que queda fuera del foco ¿ Si en la feria de Arte de Madrid se han atrevido a abrir las salas de exposiciones al futuro no vamos a ser capaces de describir los distintos colores, olores y texturas y voces del presente?

 

Crónicas Sísmicas. El toque y las tripas.

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Carlos Torres

Hay un local en la Calle Miguel Schultz que está repleto de máquinas arcade, tragaperras, futbolines – que aquí llaman futbolitos- y máquinas rockolas a medio destripar. Pienso en los recreativos Lara de Aspe y me invade una mezcla de nostalgia y tristeza al pensar que el lugar es el cementerio de circuitos al que fueron a parar todos esos artilugios que llenaron nuestras tardes de prepubertad. Pero el dios binario parece escuchar mi plegaria y me revela que Rodolfo no es un sepulturero de joysticks, si no todo un sanador de vicios.

Rodolfo araña los cincuenta, le va al América y nunca ha jugado a videojuegos pero, como esos luthiers que no necesitan dominar un instrumento para fabricarlo bien, se dedica desde hace más de veinte años a reparar máquinas recreativas. Después de estudiar electrónica, aprendió el negocio con los coreanos de la Zona Rosa que entonces se disputaban el dominio del sector con los chinos: “Ahora los asiáticos se regresan a sus países porque con las nuevas videoconsolas el negocio está en retroceso”, me dice sentado en un bote de pintura con un destornillador en una mano y un medidor de amperios en la otra. Según él, sin competencia asiática, ya queda muy poca gente en el DF que se dedique a arreglar máquinas como la tragaperras de Cannavaro y Ronaldo del Mundial de 2006 que es la siguiente en la lista de espera para pasar por su quirófano.

Rodolfo se entusiasma y me enseña gran parte de la colección que ha reunido en sus expediciones a decenas de antros de la ciudad. Él estudia las costumbres de los bares donde rescata las máquinas por las cicatrices que tienen en su carcasa. Algunas traen quemaduras de cigarrillos, otras están pringosas por la cerveza o tienen la huella circular de un vaso de mezcal y hasta más cosas, me dice mientras empuja con sus cejas los puntos suspensivos que deja sueltos para que cada uno rellene con su propia aberración. Hay muchas máquinas esparcidas por la ciudad todavía, pero cada vez le cuesta más encontrarlas en un estado decente: “muchas están destrozadas o son muy viejas, yo las reparo o las vendo. Ésta te la dejo por 8500 pesos”, me ofrece. También repara rockolas pero dice que no es un negocio tan rentable en México porque “en este país o te gusta el rock o te gusta la música de banda y cómo los que fabricaban las máquinas querían gustarle a todos acabaron por no gustarle a nadie”.

Vuelve otro día, me pide antes de irme y me detiene para enseñarme una cigarrera de Marlboro que trae su propio encendedor. Es como una máquina de chicles donde se masca la adicción. Siento que es tan bonita que podría comprar dos paquetes y fumármelos allí mismo. Rodolfo me estrecha la mano mientras echo un último vistazo al local. Las máquinas de lucha tipo tekken, un videojuego de fútbol y una tragaperras de los Simpson hacen fila con los intestinos al aire. Pienso otra vez en los recreativos de Aspe y se me revuelven las tripas. 011001, de qué nos sirvió preñar aquellos vientres con tantas monedas de cinco duros.

Iglesia San Hipólito

En la Iglesia de San Hipólito hay una capilla dedicada a los Santos Mexicanos. Una señora baraja una amplia colección de estampas, saca una al azar, la besa, lee su oración y se persigna. Repite varias veces el ritual mientras la misa empieza en la nave central: baraja, saca estampa, besa la imagen, lee la oración que la acompaña y dibuja en su pecho el símbolo de la cruz. El ciclo es siempre el mismo hasta que el sacerdote pide a los fieles dispersados por las capillas que se congreguen en primera fila. La señora apila toda su baraja de estampas y la mete con cuidado en el bolso. Cuando se marcha me quedo solo en una capilla gobernada por la cascada de agua que fluye por debajo del cuadro de nuestra señora de Guadalupe. Me acerco para leer el cartel que pienso que podría explicarme el origen de la capilla pero en su lugar me encuentro con una advertencia: meter la mano en la cascada puede electrocutarte. Tal y cómo son los mexicanos que conozco, no me extrañaría que más de uno hubiera metido la mano a conciencia para sentir lo que ellos bautizarían como “el toque” de Dios.

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Salón París

En la esquina suroeste de la Alameda de la colonia Santa María de la Ribera está el Salón París. Este viejo establecimiento tiene pinta de llevar aquí más años que sus meseros más veteranos. Son las doce y veinticinco y todavía no han abierto pero, como ya estoy dentro y todo el mundo tiene cosas más importantes que hacer que regañarme, me dejan quedarme y me sirven mi refresco. Tengo que hacer esfuerzos para imaginarme cómo sería el local en plena ebullición. Estamos sólo cuatro empleados, un mar de mesas robustas y yo, que he venido porque dicen que aquí fue mesero José Alfredo Jiménez antes de triunfar. Unos cuadros amarillentos donados por la editorial Plaza & Janés así lo atestiguan: “En recuerdo a José Alfredo Jiménez, cantante entrañable, personaje de la novela: La casa de las mil vírgenes de Arturo Azuela y a la cantina Salón París, el sitio donde empezó a cantar”.

Sin embargo, a las doce y media, mientras los cocineros cortan cebolla para el chamorro que sirven todos los jueves y un señor coloca con parsimonia un bote de sal, otro de pimienta y una buena ración de salsa picante en cada mesa, el único que canta en todo el local soy yo. Es extraño oír un silencio tan indiferente en un lugar que tal aporte hizo para la música mexicana. De tanto en tanto, un empleado que lleva una camiseta de los Milwakee Brewers me echa miradas que subrayan mi incomodidad. Por suerte, cuando las burbujas de aceite empiezan a sonar en los fogones, la cantina se anima y oigo a un cocinero gritar ¡Deme un chance! El grito suena a pregón que da por inaugurada la jornada del jueves. Ahora que ya no me queda bebida, los cuchillos se baten más rápido contra la tabla. Me levanto, pago, dejo mi mesa libre para los futuros clientes y me voy. Detrás de mí, la virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo custodian un cuadro de la torre Eiffel iluminada. Hasta luego, güerito, me dice el mesero. Y no me queda claro qué pensaría Roland Barthes de todo esto.

Alameda Santa María de la Ribera.

En el extremo noreste de la alameda hay una casa señorial que fue la vivienda de Agustín Aragón: ingeniero, poeta y jefe de la escuela filosófica positivista de México. De tanto positivismo que emana el lugar, hoy la casa cobija un gimnasio.

Insurgentes

La Santa María de la Ribera está al norte de Reforma, arriba de la San Rafael y al costado izquierdo de esa avenida dorsal del DF que recibe el nombre de Insurgentes. Aunque los conductores mexicanos saben que Insurgentes no es una avenida bonita, están muy orgullosos de ella. “Ésta es la única avenida que atraviesa la ciudad sin que cambie de nombre”, me dijo Óscar Iván, el conductor de Uber que me llevó a Fuentes Brotantes el domingo por la noche. No es un asunto poco importante, en un año de elecciones como éste en el que la mayoría de candidatos brinca de bancada en bancada y baila a su antojo con cuantas siglas políticas se acerquen a pagar la música, tanto da que Insurgentes sea una culebra gris y mugrosa en algunos tramos. Que exista un nombre que permanezca fiel de principio a fin a lo largo de tantos kilómetros, ya es un motivo para la esperanza en esta ciudad.

Estación Buenavista

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En la puerta de la Estación de Buenavista el ejército ha montado unas carpas para reclutar jóvenes. Helicópteros, vehículos blindados, libros de guerra y hasta un hinchable gigante de un rambo nacional, llaman la atención de los niños. Aunque el himno de México reza “¡Oh Patria Querida! Que el cielo en cada hijo un soldado te dio”, parece que la secretaria de Defensa tiene que montar un buen espectáculo para dar a los retoños patrios un pequeño empujón.

De cartas ajenas. Terremotos y elecciones.

Carta número 1 – Marcos Rubio

1/1/ 2018

TERREMOTOS Y ELECCIONES

Dear Torres,

Estuvo muy bien vernos en un bar con nombre tan monárquico como hiperbólico; citarnos en el King´s siendo republicanos tiene algo de contradictorio, no se si de renuncia o de aceptación de que algunas cosas ya no las vamos ni a pelear. Nos vemos muy poco, por eso, cuando finalmente conseguimos tomarnos una cerveza, suelo terminar con la sensación de que nos faltó tiempo para rematar un montón de historias.  Como nuestra relación se ha forjado entre guasaps y correos, me suelo sentir algo torpe al principio, como el que se mete a una piscina sin estar seguro de si hará pie. Somos animales tímidos.

Una vez escribiste : – Los que una vez nos fuimos sufriremos siempre el síndrome de la Ciudad desordenada y estaremos condenados a no regresar nunca al mismo lugar. Creo que es muy verdad,  recuerdo los años que viví fuera y la sensación de no estar del todo aquí que me acompañaba en mis visitas. Supongo que en estos meses de distrito federal habrás tenido la sensación de que, al tiempo que aprendías muchas cosas sobre ti y sobre lo demás, se empezaban a agrietar ciertas certezas que dabas por descontadas. Es curioso el poco tiempo que tarda uno  en acostumbrarse a lo nuevo. La rutina es un animal muy persistente

Cuando uno empieza su aventura exterior con dos seísmos considerables, el segundo, el del 19 de septiembre, con una magnitud de 7,1 y mas de dos centeneras de victimas,  y termina el trimestre votando en las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña puede proclamar sin miedo a equivocarse que conoce algo del olor, el sabor y las rugosidades de acontecimientos de relevancia histórica. Resulta paradójico que cuando te cae encima una catástrofe natural es cuando mejor se visualiza lo importante de unos servicios públicos de calidad que no dejen a la gente a la intemperie. Si algo he echado en falta  en el irresponsable choque de trenes entre el gobierno de Rajoy y sus amigos naranjas y los independentistas del gobierno catalán, es la poca importancia que le dieron nunca a las reivindicaciones sociales y el poco tiempo que dedicaron a recalcar  la necesidad de lo público. Se puede desbordar e incumplir la ley por la nación, se puede poner al Estado en guardia total para repeler el desafío y sin embargo, que poco pareció importarles nunca la suerte de los perdedores de esta crisis tan brutal: los desahuciados, los jóvenes sin trabajo y sin futuro, las mujeres viejas, solas, pobres,  las camareras de piso explotadas en hoteles, en el servicio domestico, en el cuidado de ancianos, los  trabajadores con sueldos bajos,  los náufragos de la economía sumergida, los que perdieron toda esperanza de volver a trabajar, etc. Burguesías central y  burguesía catalana peleándose por el poder y antes,  recortando a diestro y siniestro sin plantearse una fiscalidad más justa, sin importarles el fraude fiscal, compitiendo en los periódicos con sus casos de corrupción, cenando en buenos restaurantes con empresarios poderosos, saludándose en palcos de fútbol, recepciones y celebraciones religiosas.  Cuando las naciones ladran todo se llena de ruido. La derecha gana, la izquierda pierde.

II

Estimado Torres, cuando México sea  un montón de vivencias, lugares, recuerdos, personas, niebla, desmemoria y olvidos descubrirás que hay momentos, como hay canciones, que se quedaron  a vivir contigo sin saber  muy bien porqué. Yo tengo un instante eterno, como una performance,  que de alguna manera  sintetiza mucho de lo que viví en el Londres de  mitad de los noventa. Estábamos en una fiesta en una casa en el nordeste, no era Hackney , ni Stoke Newinton,  recuerdo que íbamos en el 253 y que habíamos  dejado atrás Finsbury Park, por lo que deduzco que la fiesta tuvo que ser en la parte judía de Stamford Hill. Seriamos unas treinta o cuarenta personas en aquel comedor, bebíamos cerveza, fumábamos y las conversaciones mezclaban el inglés con mil idiomas más. En un momento de la noche suena Unfinished Sympathy de Massive Attack y una chica italiana de melena corta y negra, con falda larga y jersey de punto ancho  comienza a bailar ensimismada y ajena a todo. Recuerdo a Santi, a Paco, al Ingeniero Carlos que es mexicano con bigote y camiseta de Reed Hot Chilli Pepper, también  ha venido Johan, que es sueco y  Eric que es argelino y se  cambió el nombre en honor a Eric Cantona, Rogerio, un brasileño rubio  que asegura que aunque juega muy bien al fútbol haciendo  el amor es mucho mejor, busca un futuro para la noche con regatees cortos. La chica italiana, mas que bailar, deja que esa letanía  nocturna y ralentizada, mueva su cuerpo como si todo dependiera de la brisa y de la voz de Shara Nelson. Blue Line, el primer disco de Massive Attack, se publicó en 1991, en plena Guerra del Golfo y antes de que Yugoslavia empezará a desgarrarse. El disco se adornaba con iconografía militar y olía a calle, mestizaje y critica social. Recorrer esas canciones es encontrarse con un lugar donde  confluyen blancos y negros, el Indie, el hip hop,el punk, el dub, el soul y la cinemática, los sueños y la zozobra de la incipiente ciudad global que se levanta sobre la mezcla de todas las patrias de procedencia zarandeadas por un capitalismo sin territorio.

Terremotos y elecciones,  lo imposible como  una posibilidad más, una ciudad que no se acaba nunca y argumentos que duran demasiado, una chica  baila ensimismada y un disco que es todo lo contrario del nacionalismo excluyente. Cuídense please y feliz año y feliz retorno a la ciudad más grande de Norteamérica.

Carta número 2 – Carlos Torres
Estimado Marcos, ayer aterricé en México. Tocamos tierra a las cuatro y media de la mañana después de circunvalar por el aire toda América del Norte. Medía hora después, todavía de noche, ya había más tráfico en la calle que un uno de agosto camino de la playa. Huelga decir que me sumo a esa correspondencia que propones. Siento que he tardado tanto en responder que mi correo electrónico bien podía haber sido enviado por barco.

Es curioso, el The King´s fue el primer bar donde empecé a tomar café con mis amigos. Subíamos arriba y pasábamos tardes entera jugando a los dardos. Allí quedé por primera vez a solas con la que sería mi primera novia y allí nos reunimos todo el grupo la primera navidad que pasamos en el pueblo después de habernos ido a estudiar cada uno a su lado. El The King’s tiene para mí algo de iniciático. Sin embargo, el sitio ya me es totalmente extraño. A veces, de tanto viajar el pasado parece una ficción que sólo pasó en mi cabeza. Aquella chica tiene ahora dos hijos, hablamos de vez en cuando, y del grupo de amigos que se juntó aquel entonces ya se han caído varios miembros y alguna cabellera. Por eso, insisto en que las ciudades se desordenan. Uno vuelve a Aspe tratando de encontrarse con el Torres que dejó y sólo con sus ruinas. Está bien que nos acostumbremos a quedar en el The King’s, así puedo cargarlo de un nuevo significado.
Como bien dices en los últimos meses hemos vivido varios terremotos. Al regresar me he dado cuenta de que todavía no estoy del todo tranquilo en México. Dicen que a los amputados les pica la pierna que les han cortado durante un buen tiempo, a nosotros nos pasa algo parecido y todavía estamos rascándonos los miedos. En cuanto a lo de Cataluña me he propuesto firmemente no hablar demasiado. Sólo en Aspe he podido descansar un poco del tema, por más que también me he encontrado a aquel que se topa contigo y te dice que esperaba que te mojaras más al respecto. Este año también hay elecciones en México. Nunca había visto nada parecido. Por un lado me fascina ser un novato y no entender ni media sigla de los partidos que aquí se presentan y sus extrañas coaliciones. Por el otro me preocupa el pesimismo de mis amigos acerca de lo que pueda pasar en verano con los comicios. El PRI aquí lleva tantos años perpetuándose en la poltrona, salvo pequeñas excepciones, que poca fe tienen en un cambio.
II
En tu segunda parte de la carta me narrabas un momento generacional. La generación global antes de la globalización. Es curioso que sin haberlo vivido yo también añore ese Londres tuyo. A mí me tocó responder el cascarón de casa de los padres en un mundo post 11S. También escuchábamos Massive Attack en los bares y en las calles se hablaba de la recién estrenada intervención española en Irak. Yo tenía 18 años y llevaba poco más de seis meses en Madrid cuando estallaron las bombas de Atocha. Si tuviera que ponerle música a esos días probablemente sería This is the end de Los Doors, porque cuando se la vi corear a un amigo en El Rey Lagarto sentí vergüenza de no conocerlos y admiración por mi amigo. Mi imagen del despertar infantil fue la de unos nazis persiguiéndonos al trote desde Ferraz hasta la Ciudad Universitaria. Ahora lo pienso y me río de que estuviéramos en la sede del PSOE contentos, pero entonces suponía la caída de Aznar y eso se merecía un buen brindis. Esos nazis fueron la metáfora de lo que vino después. Una generación a la que se le pasó la borrachera de golpe para huir a trompicones de los malos tiempos. Ah, esos malos tiempos que ya nos han alcanzado.
Si pienso en Madrid me acuerdo de Interviú. Fue mi primera gran casa periodística. Allí aprendí lo que se tenía que aprender y olvidé lo que se tenía que olvidar. La noticia del cierre me ha dejado tocado. Primero por los compañeros que se ven obligados a meter sus cosas en cajas y marcharse a buscarse la vida a otro lugar. Segundo, porque el mundo nos prepara para despedirnos de nuestros seres queridos pero nuestros padres nos inculcaron que las empresas donde uno trabaja casi siempre son para toda la vida. Ahí está la brecha. Somos la generación más sobreprotegida de la historia y ahora, que nos ha caído un buen marrón, no hemos sabido bien cómo actuar. En Interviú escribí sobre drogas, sobre corrupción en la Guardia Civil, sobre sexo, sobre medio ambiente, sobre Castor, sobre ciudadanos sin papeles, sobre el 15M, sobre cazadores de meteoritos y miembros del gobierno norcoreano. Uno de mis últimos textos publicados allí hablaba sobre el terremoto de septiembre. Ahora el terremoto ha vuelto. Tengo 32 años y aunque todavía no sé lo que se siente al cobrar una paga extra o tener un contrato fijo, he vivido más de cuatro procesos de cierre o de despidos en las empresas en las que he trabajado. Ni siquiera ya somos tan jóvenes. A mi edad mi padre tenía cuatro hijos, un coche y una casa. Siento el temblor que produce el vértigo de saber que ya deberíamos empezar a ser los hombres que soñamos que seríamos.
Un abrazo grande desde la ciudad más Algora de toda América.
Carta número 3 – Marcos Rubio 

Valencia 14 de Enero de 2017

LUGARES  PARA VOLVER

Dear Carlos, con tanto ir i venir vas a terminar regresando a alguna ciudad donde nunca estuviste. Te notó  como arrastrando los pies, lo de Interviú te ha golpeado en el músculo de las esperanzas. Llevo una temporada pensando que estos tiempos de turbo capitalismo acelerado, de ansiedad por tener la última versión del móvil,  la ultima aplicación y por conocer el último grupo referenciado en Pitchfork nos va a terminar devorando. Tantas series por ver, libros por leer, canciones por escuchar;  así no hay manera. El tiempo es un bien escaso, la precariedad es la nueva realidad y la vida laboral un camino lleno de accidentes. Quizás cuando uno es joven siempre hay una crisis que se interpone en tus planes  pero hace rato que tu generación dejó de ser veinteañera y la crisis sigue ahí, aplazando la emancipación, el tener hijos, el trabajo de tu vida, la casa definitiva y un montón de cosas más. De esta última sacudida, la explosión nuclear del 2008,  tan feroz e injusta, me escapé por poco pero, toquemos madera,  las cosas siguen jodidas de verdad y  esto no es un sarampión que se terminará diluyendo con el tiempo.  El último incremento del PIB certifica que vivimos en el mejor de los mundo posibles. No me extraña que los post millennials sueñen con ser youtubers ni que el trap seco y nihilista  este desplazando  al reggaeton de sus teléfonos móviles. Si ves como se lo montan en los videos  Bad Bunny, Maluma, lo poco que se corta Bad Gial y  como triunfa C Tangana  apetece dejarse llevar por el ritmo lento, el autotune y la celebración del momento; hay que olvidarse de los desastrosos índices de paro juvenil que son mas triste que el Love Will Tear Us Apartde Joy División. Si la realidad real te cierra todas las puertas ¿ Cómo culpar al que se refugia en la realidad virtual? Tener la PS4 es lo más cerca del triunfo personal que muchos de ellos van a estar nunca. El otro día, uno de mis alumnos, dieciséis años, me aseguró que el reggaeton de ahora no es como el de antes. Me gustaría entender a que se refería pero creo que ya es tarde para mi, es lo que tiene estar apunto de cumplir los cincuenta.

II

Elecciones en México querido Torres,  El PRI  eterno, los derechistas del  PAM y la izquierda del PRD que creo que dirigía López Obrador en la segunda mitad de los noventa cuando yo trabajaba en el restaurante Nachos de Fulham road. ¿ Ahora que vuelve todo y las reediciones de clásicos copan los puestos de los discos más vendidos volveremos a tener el regreso del zapatismo versión 2.0? Espero que no me malinterpretes si te digo que  me sigue gustando mucho la política, no pongas esa cara de estupor que ni me drogo ni tampoco bebo ya en exceso. Tengo el pelo cada vez más blanco pero, ni el cinismo  ni las derrotas han conseguido arrasar mi confianza  en muchas mujeres y hombres que deciden sacrificar su tiempo, sus esfuerzos y sus capacidades para mejorar la vida de los demás. Te va a tocar abrir los ojos y ponerte al día para desvelarnos algunas de las claves de esa contienda electoral ¿Será todo populismo, nacionalismos de madera, posverdad,  retórica vacía contra la corrupción y contra la política tradicional, promesas de soluciones sencillas a los problemas complicados de la globalización, de las incertidumbres de la sociedad del riesgo y a las sacudidas de la revolución tecnológica como hemos visto en Europa o te encontrarás con elementos locales que sólo se explican desde el realismo mágico mexicano?

El sábado pasado decía el Roto en El País con su clarividencia habitual:- “ Si cavas lo suficiente siempre aparece alguna patria”.  Qué mal le sienta a las izquierdas la discusión sobre las patrias y la dialéctica de las banderas. Ese mismo día el periódico global  llevaba en portada una encuesta que daba vencedor al partido naranja.  “Ciudadanos rompe el tablero y se dispara hacia el Gobierno”. El titular en primera página  me resultó tan eufórico que apunto estuve de irme a la plaza del ayuntamiento para meterme en la fuente a celebrar la victoria de los españoles auténticos.

No soy muy de botas camperas, whisky sin hielo, camisa medio abierta, chaqueta de cuero  y Ray-Ban de aviador pero el viernes me compré el último disco de José Ignacio Lapido “ El Alma Dormida” y me está gustando mucho. Creo que es el sexto en la carrera del ex 091 pero es el primero que ha llegado a mi tocadiscos. Esta guay, rock clásico, guiños incluso a Teenage Funclub, gusto por las melodías y unas letras sobresalientes que por momentos son casi morales, si te apetece,  échale un ojo, como eres más enemigos y mas rock que yo, creo que te podría gustar mucho.

El cierre de la revista Interviú te golpeó donde duele,  es  muy normal que se te viera triste, los años en esa redacción son parte de tu educación sentimental y también están todos los compañeros que perderán el empleo.  Igual terminan teniendo razón los que vaticinan con toda la ligereza  que las publicaciones de papel están condenadas a desaparecer pero no los soporto ¿ Sabías  que uno de los primeros periódicos que me compré en mi vida fue el diario Ya?  Era 1982, tenía catorce años  y estábamos de viaje de fin de curso en Mallorca. Creo que me compré ese porque era el último  que quedaba en el quiosco.  Lo hice para parecer mayor,  para parecer distinto y porque me empezaba a interesar el mundo de fuera. Fue el año del mundial de España y de la guerra de las Malvinas. En la radio sonaba mucho  “Me colé en una fiesta”  de Mecano, “Este amor no se toca” de Yuri  y el  “Bienvenidos” de Miguel Ríos. Cuando Souvenir de la OMD se colaba en los Cuarenta Principales me quedaba alucinado; aquella canción tenía algo especial que me ensimismaba, que me tocaba mucho y que me conmovía como sólo te  ocurre en la adolescencia. Muchas cosas han desaparecido sin dejar huellas pera  esa melodía sigue teniendo la capacidad de acariciarme la piel por dentro.  De cuando en cuando la buscó entre los cortes de Arquitectura y Moralidad  y vuelvo a aquel viaje en el que dijimos adiós al colegio y dejamos atrás  la infancia para siempre. Con el tiempo he aprendido que hay lugares como hay canciones a los que uno termina por volver.

Carta 4 – Carlos Torres

Querido Marcos,

había empezado a escribir esta carta de respuesta pero me acaba de llegar un mensaje que me ha hecho borrar todo. La vida es un palimpsesto: escribir, borrar, escribir, sin llegar a entender demasiado. El mensaje que he recibido dice: ‘Se ha muerto la cantante de los Cranberries’. Nunca me fascinaron como grupo pero la noticia me ha teletransportado a mediados de junio del noventa y cinco. Era el festival del colegio y en vez de bailar la típica canción de Grease, a los profesores se les ocurrió que podíamos interpretar una pequeña obra en la que un abuelo, un hijo y un nieto discuten sobre qué época musical es mejor. Como si fuera un juicio, los tres familiares aportan canciones a modo de prueba. Al final todos se convencen de que lo importante es que una vida sin música merece menos la pena. La canción que presentó el hijo fue Zombies de The Cranberries. Toda mi clase la bailó, menos yo, que interpretaba al padre porque para entonces ya era un señor mayor. Interviú, Zombie, The Cranberries,… Imagino que crecer es aprender a despedirse.

Después de dos o tres días con jetlag, por fin me he establecido de nuevo en la Ciudad de México. Me gusta mucho vivir aquí. Me gusta caminar solo por lugares por los que nunca había caminado y saber que se están fabricando recuerdos que te asaltarán en unos años. Nunca me había adentrado tanto al oriente del Zócalo como ayer. Harto de cantinas que imitan a cantinas antiguas, entré a La Potosina una cantina antigua que pretende modernizarse. En la puerta una Santa Muerte (una imagen sincrética que veneran en los barrios más humildes), en la barra un gato que robaba comida, en la tele un programa que hablaba de OVNIs y al fondo dos esqueletos de cartón piedra sobre los que revoloteaba un ejército de moscas. Leí más tarde que ese solía ser el punto de reunión de varios jugadores del Atlante, un club fundado en una de las colonias de la ciudad. Pero el Atlante se mudó a Cancún hace un tiempo y con ellos los años de esplendor se esfumaron.

No sé si el reguetón de ahora es distinto al de antes, aunque sospecho que los dependientes de los mercados del centro histórico podrían ayudarnos a dirimir las diferencias porque esa es la banda sonora que acompaña allí a las compras. En cuanto a lo que dices de la precariedad. Las nuevas generaciones han visto el fracaso de mi generación y están listas para superarnos. Ya somos treintañeros, el mundo les pertenece ahora a ellos y nos han pasado por la izquierda (y según el periódico global, también por el extremo centro).

Aquí, como en España, no sé bien lo que es derecha y lo que es izquierda: El PRI, el PAN, el PRD (López Obrador dejó el partido y fundó el movimiento MORENA por el que se presenta por enésima vez para perder las elecciones). Yo sólo veo una gran desafección en toda la gente con la que hablo. “México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, leí una vez. Y parece verdad. En lo que va de 2018 ya han asesinado a otro periodista en el norte del país. El nivel de impunidad supera cualquier percepción lógica. El periodista denunciaba la connivencia entre el poder político y el poder económico del narco, lo apuñalaron cuando conducía a plena luz del día en un coche lleno de familiares. Todo lo bueno que cuentan de México es verdad y también todo lo malo. Vivir en este país es aceptar que te puede golpear una ola fría o una caliente.

Pero volvamos a la música, a tu fin de curso y a mi agenda de conciertos. La semana que viene iré a ver a Cigarrettes after sex y a The National, la que viene a Willie Colón y Bruno Mars. Quizá debería escribir lo que ocurre dentro del cuerpo de un hombre adulto cuando se le somete a tanto cambio. A los muchachos de pitillos después del sexo los veré en el Frontón México, un viejo edificio Art Decó donde ahora se reúne la comunidad vasca para ver partidos de pelota. A mí me gusta mucho la pelota y esa obstinación en rebotar una y otra vez contra el mismo mal. Ella tampoco vuelve nunca al mismo punto del muro, pero siempre regresa una y otra vez con la fe de que algún día, en una de esas veces, por fin lo pueda traspasar.

Crónicas sísmicas. Café nacional en local republicano y otras contradicciones.

villarías

En la Calle López hay un local que cambió tres sardinas entrelazadas por tres granos de café en el cartel de la puerta. La familia Villarías tenía una fábrica de conservas en Santoña (Cantabria) que estuvo abierta hasta el año 37. Ese año los Villarías emigraron primero a Asturias y después a Barcelona huyendo del bando nacional. Cuando constataron que el futuro no sería mejor para ellos en Cataluña, dieron de nuevo el salto y se marcharon a Francia. Allí estuvieron hasta que la amenaza nazi se cernió sobre los franceses y  los Villarías embarcaron de nuevo rumbo a Veracruz. En el 42 la familia acabó en la calle López de la Ciudad de México y pudieron deshacer por fin las maletas.

Desde entonces hay un local en la esquina de esa calle en el que se puede comprar café. Los Villarías adornaron con fotos de su pueblo la barra y bordaron la bandera tricolor en las mangas de los empleados. Hoy el local vende 100% producto mexicano . Y aunque quizá sea una ironía que un café republicano venda sólo producto nacional, el olor a café molido es tan bueno que dan ganas de quedarse a pasar la tarde sin  tener nada más que hacer que respirar.

Siempre que paso por allí me siento a tomar un cortado. Ayer me atendió Iván, un chico de Santoña que conoció hace unos años a la nieta de los fundadores del café en unos carnavales en Cantabria y se enamoró. Iván fue remero profesional en el equipo de Santurce hasta el año pasado, pero después de la última bandera de La Concha decidió dejarlo. Hoy echa una mano en el local familiar de los padres de su novia mientras prepara un iron man. Hablamos un rato y compartimos historias de temblores mientras pienso en que su viaje a México es una forma de cerrar el círculo y que más allá de la guerra siempre habrá mil motivos mejores para emigrar.

Avenida Presidente Mazaryk

Polanco es uno de los pocos sitios que conozco en la ciudad donde la gente puede permitirse caminar sin mirar al suelo porque no hay riesgo de tropezarse con las raíces de un árbol, las grietas endémicas o una pira de piedras levantada de la noche a la mañana por un buen puñado de obreros que juegan al escondite con nuestra paciencia. Polanco es la patria de la Zeta, la pequeña nación donde un pequeño grupo de emigrantes ha decidido autoproclamarse como expatriados. Es decir emigrantes que, por tener una mejor cuenta corriente, se creen con derecho a no serlo. En Polanco hay familias enteras de españoles que pocas veces salen de la colonia si no es para ir al aeropuerto y que cumplen con el cliché del padre al trabajo, los niños a la escuela americana y la madre al gimnasio o la clase de inglés.

Por todas esas cosas, hay algunos amigos que insisten en decir que Polanco no es México. Pero yo no estoy de acuerdo. Polanco es casi lo más México de México, el fruto fresa de la dualidad en la que los aztecas basaron su cultura: la vida y la muerte, el mundo y el inframundo, el hombre y la mujer, Iztapalapa y Polanco. La cicatriz bonita de la herida de la desigualdad.

Calle Emilio Castelar

Las aves del aviario del Parque Lincoln gritan y graznan con un ruido ensordecedor. Si no fuera por el letrero de la entrada que asegura que allí se abre los fines de semana y que está prohibido tirar basura, más de un despistado podría confundir su gran cúpula con la sede de un honrado parlamento.

Me despido de la colonia por la vía que secciona en dos el parque: A la derecha la estatua de Lincoln, a la izquierda la de Martin Luther King JR, apóstol de la emancipación. Bajo su sombra una interna uniformada pasea el perro de sus patrones. Cuando me alejo descubro que algún chistoso ha bautizado a la calle con el nombre de Julio Verne y, ahora que regreso, ya no sé si todo lo que he visto ha sido producto de la ciencia ficción.

interna

Bosque de Chapultepec

El Audiorama es un rincón idílico que está escondido detrás del monumento a las fuerzas de expedicionarios que ayudaron a liberar las Islas Filipinas en la II Guerra Mundial. Al entrar suena Bach y pueden prestarte libros de Bolaño, Curiel, Elena Garro o Thomas Mann para sentarte a leer en sus bancos de colores. Disfrutamos del lugar hasta que descubrimos que, en una curiosa afectación del síndrome de Sthendal, hay un señor que interpreta su propia sinfonía íntima sentado en una esquina. Mientras nos vamos me pregunto si será la música, la literatura o la naturaleza lo que le habrá podido excitar.

audio

foto @niasanjuan

Avenida Cuauthémoc

Los sábados hay un mercado de antigüedades en el parque Pushkin. El Parque Pushkin es la frontera natural entre la colonia Doctores y la Colonia Roma. Otro espigón que parte las olas de la ciudad. El primero es un barrio en el que muchos amigos nos recomiendan extremar la precaución al pasear, el segundo, un lugar donde somos nosotros los que hemos aprendido a cuidar nuestra cartera si no queremos endeudar. Quizá por eso nunca se termina de saber cuándo se convertirá en moderno tener en casa alguno de los trastos viejos que venden los comerciantes en las mesas del mercadillo.

Hace unos años, esa línea divisoria estaba situada a una centena de metros al oeste del parque, en una calle que lleva el irónico nombre de Frontera. Hoy, el frente de batalla de la especulación le gana terreno a la mala fama y ya hay gente con buenos salarios que empieza a vivir más allá del Pushkin. Yo he visto una revista de 1974 que hablaba de vascos y  me arrepiento de no haberla comprado porque hoy en día podría haber acabado en la cárcel.

los vascos

Parque Delta. 

Es fin de semana y necesito unos pantalones. Nos recomiendan ir a Santa Fe para disfrutar de las rebajas, pero hemos desarrollado miedo y alergia a ese mastodonte comercial. Nos dirigimos al Parque Delta. Allí donde ahora hay un centro comercial moderno, estuvo el diamante del campo de béisbol donde el gobierno de la ciudad colocó la morgue provisional del terremoto del 85. Miles de muertos yacieron en la arena sobre la que hoy miles de vivos buscan un descuento. Tiemblo un poco cuando lo pienso un segundo antes de entrar a una tienda que promete un 50%. Parque Delta nos recuerda que el capitalismo tiene unos cimientos muy resistentes.

 

 

Mishima y la música triste del Procés

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El pasado 17 de octubre actuaba la banda catalana Mishima en al Palau de la Música de Valencia para presentar su ultimo trabajo Ara I Res. Mientras disfrutábamos del concierto de los barceloneses, nos fue imposible abstraernos de todo lo que estaba pasando en Cataluña, en España y en nuestras vidas

Son las nueve de la noche y la actuación está a punto de comenzar; salen de la nada Xavi Caparrós, Marc Lloret, Alfons Serra y Dani Vega, se acomodan los instrumentos y comienzan a tocar. Al momento, aparece en el escenario David Carabén con sus gafas de pera y su peinado característico, calza botines, viste de negro ceñido, lleva una botella de vino en una mano y una copa en la otra. Ceremonioso se sirve un poco y brinda por la libertad de los dos Jordis- Cuixat y Sánchez-, que acaban de ser encarcelados por su papel en los altercados del 1 de octubre. Parte del publico aplaude pero otros se mantienen impasibles en sus asientos, no parecen concernidos por la reivindicación que acaba de lanzar con teatralidad. La voz y la batería suenan potentes, las guitarras muy flojas. Falta equilibrio como en todo este desafío. A estas alturas ya hemos aprendido que los que más levantan la voz no son necesariamente los más inteligente

Cuanta pena y cuanta tristeza da todo, incluso ahora que parece que ha amainado algo la tormenta ¿Se habrán refugiado en Bélgica buscando la placidez del otoño? Es tan corto el amor y tan largo el ridículo. Habíamos dado por hecho que el 155 y la Declaración Unilateral de Independencia ( DUI) eran los límites infranqueables del juego; mientras no se rebasaran siempre quedaría una oportunidad para la negociación y la política. No lo esperaba nadie pero el nerviosismo y la improvisación te pueden llevar a cualquier sitio. Ahora estamos peor, mucho peor, que nadie piense que esto ya se ha resuelto. Sería muy torpe que todos los protagonistas repitieran de nuevo el guion y volviéramos a cometer los mismos errores. Tanta estrategia, tanto regate corto, tanta energía y audacia desplegadas inútilmente por una parte; tanta parsimonia, desprecio y arrogancia mostradas por la otra terminó con el juguete en el suelo, roto en mil trozos. Las legitimidades enfrentadas, las mentiras, los relatos falsos, los errores, la vanidad, el calculo electoral miserable, los intereses mediáticos y la estupidez de muchos impidieron que se evitará el desastre. El procés más triste, la independencia sin épica y sin héroes fue proclamada el viernes. Minutos después, el gobierno de la Gürtel, de los recortes, de la manipulación de la TVE, del desinterés por las reivindicaciones catalanas y por la España plurinacional se hizo cargo de la situación como no podía ser de otra manera ¿Cómo se les ocurrió proclamar una republica tan pequeñita donde apenas cabía la mitad de la población? Sin la entera mitad de las cosas, como cantan los barceloneses El Ultimo Vecino, faltaba paraíso para todos.

-Ara que et trobes enmig de la merda– , cantan en S´haurà de fer de nit . Llevamos un rato de concierto y se les recibe mejor. El sonido parece más equilibrado, las guitarras han ganado presencia y coincidimos con ellos en que estamos en medio de la mierda. La republica proclamada, la fiscalía trabajando para imputar al presindent, a su ministros y a los miembros de la mesa del parlament;  ya hay elecciones convocadas para el día 21 de diciembre y una batería de medidas dispuestas para intervenir la autonomía. Llevamos semanas en que el tema catalán lo ha inundado todo, se acabaron de repente los problemas, la corrupción, las desigualdades, el desempleo, la precariedad, el riesgo de exclusión social, la sequía, etc. En medio de la tempestad, de la electricidad de los gestos y del vértigo de los desafíos, el señor Rajoy intenta reinventarse de estadista sobrio que ha de salvar la unidad de la patria. El PSOE vive una situación complicada porque su apoyo al gobierno desdibuja sus contornos y se hace difícil percibir su silueta. También los de Pablo Iglesias se dejarán jirones en todo esto, han aparecido demasiado obsesionado por criticar al PSOE y al PP y no han sido tan contundentes con el lamentable papel de la derecha catalana independentista y sus socios de aventura. A los que se les ve eufóricos son a Ciudadanos, las encuestas premian su hiperespañolidad, su defensa nerviosa de la Constitución y su retórica frentista que fulmina los espacios de dialogo y presenta cualquier búsqueda de una solución aceptable para todos como una traición. Vencer, derrotar, imponer, echar al enemigo independentista antes de que el acabe con nosotros es un relato que conecta con muchos de los que se molestaron en ir al bazar chino a comprar su bandera nacional.

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Proclamar la independencia unilateral parecía un error estratégico que devolvía la iniciativa al presidente del gobierno. Estábamos convencidos de que  los líderes del procés nunca lo harían y que convocarían elecciones en el último minuto. Eso es lo que se filtró por la mañana para preparar el camino pero entonces las redes sociales se incendiaron. Hace falta ser muy valiente para aguantar que te llamaran Judas los que antes te aplaudían. El president olió a traición y decidió que había llegado el momento de hacer Historia con mayúsculas. Menudo viernes de ir y venir, de una cosa y de la contraria, de confusión, de enredos, de desconciertos y sorpresa. A media tarde, en la hora tonta de la siesta, llegó lo que nadie espera y los independistas comenzaron votar. Con 53 diputados de la  oposición en la calle, la victoria fue aplastante: 70 Sies y 10 noees; bienvenidos a la República Independiente de Cataluña.

La tarde se había enfriado de repente y se podía oler el vértigo de lo inesperado en las caras del president, del vicepresident y de muchos de los diputados que los arropaban. En la escalinata se arremolinaban los alcaldes independentista que habían sido invitados para dar color con su bastones de mando. Una bandera de la ONU colgada de la balaustrada adornaba la escena con más pena que otra cosa, Ya está, ya eran libres, el sueño del pueblo catalán se había hecho realidad. Al poco rompieron a cantar Els Segadors con gesto solemne, parecía que buscaran en la épica de la canción lo que el voto secreto les había hurtado. Acababan de conseguir la utopía de un pueblo pero los veíamos serios, preocupados y alguno hasta desencajado. Solo los cuperos, puño en alto, se felicitaban como si todo fuera parte de un juego, les debía  importa muy poco las consecuencias económicas de todo aquello porque son anticapitalistas; si hay obreros que terminan perdiendo el empleo por la fuga de empresas o por el boicot irracional de los torrentes rojigualdos, pues que se jodan, son los daños colaterales la revolución nacional catalana. –Si vols que surti el sol abans s´hauria de fer de nit-, continua la canción; oscuro si se había puesto todo pero ese sol de la esperanza se intuía muy lejano

¿ Dónde estabas entonces, cuando tanto te necesite?- se preguntaban El Último de la Fila- Rajoy nunca hizo nada aunque las cosas se iban poniendo feas. No fue la mejor idea llevar el Estatut aprobado por el Parlament y votado por los ciudadanos al Constitucional, tampoco intentar españolizar alumnos catalanes o mirar para otro lado cuando lo del boicot al cava y a los productos catalanes. Ahora sería un desastre total utilizar la nueva posición de fuerza que le otorga el error de la DUI y la activación del 155 para incrementar las divisiones, los agravios, los reproches y las humillaciones. El maravilloso dúo catalán Astrud tituló su álbum de debut de 1999 Mi Fracaso Personal, ya podemos concluir que el procés ha sido el fracaso personal del señor Puigdemont, del señor Junqueras y también del señor Rajoy. Las manifestaciones inmensas protagonizadas por los independentistas y también las protagonizadas por los defensores de la unidad solo han servido para constar la magnitud de los destrozos y la profundidad de las heridas.

Las banderas patrióticas del bazar chino se hacen viejas en las ventanas como algunos de los días históricos vividos. Aparecieron como los músculos que se contraen ante una amenaza. La vía visceral iba de eso; dinámicas de acción y reacción. Al atropelló independentista de los días 6 y 7 de septiembre en el parlament y al desafío del 1 de octubre siguió la represión burda, brutal, inútil, injusta y torpe del día de las elecciones prohibidas. Despropósito tras despropósito hasta el fracaso final. Banderas esteladas en media Cataluña y banderas españolas en media España se agitaban con arrogancia. Si me amenazas prometo escaparme, advertían la Dama Se Esconde, el problema es que no había un sitio donde ir porque unos y otros éramos todos parte de lo mismo y los que siempre creímos lo de mi patria en mis zapatos, nos habíamos visto superados por la marea de banderas, por los ánimos enconados y por la irritación sorda. Malos tiempos para la lírica.

Nos cuenta el líder de Mihima, al presentar una tema de su disco de 2014 L´Ànsia Que Cura, que aquella colección de canciones había sido compuesta bajo la luz del pesimismo. Reconoce que por aquel entonces estaban hechos polvo, la crisis golpeaba fuerte, la llegada de refugiados ponía rostros a la crueldad de la guerra, habían tenido hijos y cada vez eran más conscientes de que les esperaba un mundo peor, con menos oportunidades, con trabajos más precarios y con un futuro más complicado que el de sus padres y en eso, fue tomando cuerpo la reivindicación de una república catalana independiente, como una oportunidad para escapar de ese destino gris. La crisis económica que alentó las demandas de más democracia, más justicia social y menos corrupción, que llenó las plazas y consolido mareas contra los recortes y en defensa de la publico también sirvió de combustible a la causa del independentismo que empezaba a ser percibido por mucha gente, especialmente los jóvenes, como la nueva utopía.

Llega mi momento favorito de Ara i Res, una píldora de pop vibrante que se aleja de ese sonido catalán confortable que podría trazar lazos concomitantes con los Manel e incluso con Senior i el Cor Brutal;  es una tema nervioso y vital que parte de un poema de WH Auden, The More Living One, traducida por David Carabén como Qui més te estima. La melodía arranca con un punteo de guitarra feliz y cabalga con determinación hacia un estribillo de un romanticismo total, Yo quiero ser el que más te quiera proclama un cantante que cierra los ojos y siente lo que está diciendo. Estimar a Cataluña y a sus ciudadanos tendría que ser el principio de todo, superar la dialéctica de victoria y derrota, de los desafíos y las trampas  un compromiso. Aún pasaran más cosas desagradable y llegarán más días grises y estaría muy bien que ganaran protagonismo los que tienen ganas de coser por encima de los vidrios rotos y las esperanzas heridas ¡ Abajo los egoísmos y arriba la generosidad! Durante  la actuación he descubierto que no comparto ni los planteamientos ni los anhelos independentista del líder de Mishima pero estoy convencido de que  seriamos capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental. Termina el concierto, se despiden agradecidos y aplaudimos a rabiar. Cataluña y nosotros nos merecemos otra oportunidad.

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