De cartas ajenas. Terremotos y elecciones.

Carta número 1 – Marcos Rubio

1/1/ 2018

TERREMOTOS Y ELECCIONES

Dear Torres,

Estuvo muy bien vernos en un bar con nombre tan monárquico como hiperbólico; citarnos en el King´s siendo republicanos tiene algo de contradictorio, no se si de renuncia o de aceptación de que algunas cosas ya no las vamos ni a pelear. Nos vemos muy poco, por eso, cuando finalmente conseguimos tomarnos una cerveza, suelo terminar con la sensación de que nos faltó tiempo para rematar un montón de historias.  Como nuestra relación se ha forjado entre guasaps y correos, me suelo sentir algo torpe al principio, como el que se mete a una piscina sin estar seguro de si hará pie. Somos animales tímidos.

Una vez escribiste : – Los que una vez nos fuimos sufriremos siempre el síndrome de la Ciudad desordenada y estaremos condenados a no regresar nunca al mismo lugar. Creo que es muy verdad,  recuerdo los años que viví fuera y la sensación de no estar del todo aquí que me acompañaba en mis visitas. Supongo que en estos meses de distrito federal habrás tenido la sensación de que, al tiempo que aprendías muchas cosas sobre ti y sobre lo demás, se empezaban a agrietar ciertas certezas que dabas por descontadas. Es curioso el poco tiempo que tarda uno  en acostumbrarse a lo nuevo. La rutina es un animal muy persistente

Cuando uno empieza su aventura exterior con dos seísmos considerables, el segundo, el del 19 de septiembre, con una magnitud de 7,1 y mas de dos centeneras de victimas,  y termina el trimestre votando en las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña puede proclamar sin miedo a equivocarse que conoce algo del olor, el sabor y las rugosidades de acontecimientos de relevancia histórica. Resulta paradójico que cuando te cae encima una catástrofe natural es cuando mejor se visualiza lo importante de unos servicios públicos de calidad que no dejen a la gente a la intemperie. Si algo he echado en falta  en el irresponsable choque de trenes entre el gobierno de Rajoy y sus amigos naranjas y los independentistas del gobierno catalán, es la poca importancia que le dieron nunca a las reivindicaciones sociales y el poco tiempo que dedicaron a recalcar  la necesidad de lo público. Se puede desbordar e incumplir la ley por la nación, se puede poner al Estado en guardia total para repeler el desafío y sin embargo, que poco pareció importarles nunca la suerte de los perdedores de esta crisis tan brutal: los desahuciados, los jóvenes sin trabajo y sin futuro, las mujeres viejas, solas, pobres,  las camareras de piso explotadas en hoteles, en el servicio domestico, en el cuidado de ancianos, los  trabajadores con sueldos bajos,  los náufragos de la economía sumergida, los que perdieron toda esperanza de volver a trabajar, etc. Burguesías central y  burguesía catalana peleándose por el poder y antes,  recortando a diestro y siniestro sin plantearse una fiscalidad más justa, sin importarles el fraude fiscal, compitiendo en los periódicos con sus casos de corrupción, cenando en buenos restaurantes con empresarios poderosos, saludándose en palcos de fútbol, recepciones y celebraciones religiosas.  Cuando las naciones ladran todo se llena de ruido. La derecha gana, la izquierda pierde.

II

Estimado Torres, cuando México sea  un montón de vivencias, lugares, recuerdos, personas, niebla, desmemoria y olvidos descubrirás que hay momentos, como hay canciones, que se quedaron  a vivir contigo sin saber  muy bien porqué. Yo tengo un instante eterno, como una performance,  que de alguna manera  sintetiza mucho de lo que viví en el Londres de  mitad de los noventa. Estábamos en una fiesta en una casa en el nordeste, no era Hackney , ni Stoke Newinton,  recuerdo que íbamos en el 253 y que habíamos  dejado atrás Finsbury Park, por lo que deduzco que la fiesta tuvo que ser en la parte judía de Stamford Hill. Seriamos unas treinta o cuarenta personas en aquel comedor, bebíamos cerveza, fumábamos y las conversaciones mezclaban el inglés con mil idiomas más. En un momento de la noche suena Unfinished Sympathy de Massive Attack y una chica italiana de melena corta y negra, con falda larga y jersey de punto ancho  comienza a bailar ensimismada y ajena a todo. Recuerdo a Santi, a Paco, al Ingeniero Carlos que es mexicano con bigote y camiseta de Reed Hot Chilli Pepper, también  ha venido Johan, que es sueco y  Eric que es argelino y se  cambió el nombre en honor a Eric Cantona, Rogerio, un brasileño rubio  que asegura que aunque juega muy bien al fútbol haciendo  el amor es mucho mejor, busca un futuro para la noche con regatees cortos. La chica italiana, mas que bailar, deja que esa letanía  nocturna y ralentizada, mueva su cuerpo como si todo dependiera de la brisa y de la voz de Shara Nelson. Blue Line, el primer disco de Massive Attack, se publicó en 1991, en plena Guerra del Golfo y antes de que Yugoslavia empezará a desgarrarse. El disco se adornaba con iconografía militar y olía a calle, mestizaje y critica social. Recorrer esas canciones es encontrarse con un lugar donde  confluyen blancos y negros, el Indie, el hip hop,el punk, el dub, el soul y la cinemática, los sueños y la zozobra de la incipiente ciudad global que se levanta sobre la mezcla de todas las patrias de procedencia zarandeadas por un capitalismo sin territorio.

Terremotos y elecciones,  lo imposible como  una posibilidad más, una ciudad que no se acaba nunca y argumentos que duran demasiado, una chica  baila ensimismada y un disco que es todo lo contrario del nacionalismo excluyente. Cuídense please y feliz año y feliz retorno a la ciudad más grande de Norteamérica.

Carta número 2 – Carlos Torres
Estimado Marcos, ayer aterricé en México. Tocamos tierra a las cuatro y media de la mañana después de circunvalar por el aire toda América del Norte. Medía hora después, todavía de noche, ya había más tráfico en la calle que un uno de agosto camino de la playa. Huelga decir que me sumo a esa correspondencia que propones. Siento que he tardado tanto en responder que mi correo electrónico bien podía haber sido enviado por barco.

Es curioso, el The King´s fue el primer bar donde empecé a tomar café con mis amigos. Subíamos arriba y pasábamos tardes entera jugando a los dardos. Allí quedé por primera vez a solas con la que sería mi primera novia y allí nos reunimos todo el grupo la primera navidad que pasamos en el pueblo después de habernos ido a estudiar cada uno a su lado. El The King’s tiene para mí algo de iniciático. Sin embargo, el sitio ya me es totalmente extraño. A veces, de tanto viajar el pasado parece una ficción que sólo pasó en mi cabeza. Aquella chica tiene ahora dos hijos, hablamos de vez en cuando, y del grupo de amigos que se juntó aquel entonces ya se han caído varios miembros y alguna cabellera. Por eso, insisto en que las ciudades se desordenan. Uno vuelve a Aspe tratando de encontrarse con el Torres que dejó y sólo con sus ruinas. Está bien que nos acostumbremos a quedar en el The King’s, así puedo cargarlo de un nuevo significado.
Como bien dices en los últimos meses hemos vivido varios terremotos. Al regresar me he dado cuenta de que todavía no estoy del todo tranquilo en México. Dicen que a los amputados les pica la pierna que les han cortado durante un buen tiempo, a nosotros nos pasa algo parecido y todavía estamos rascándonos los miedos. En cuanto a lo de Cataluña me he propuesto firmemente no hablar demasiado. Sólo en Aspe he podido descansar un poco del tema, por más que también me he encontrado a aquel que se topa contigo y te dice que esperaba que te mojaras más al respecto. Este año también hay elecciones en México. Nunca había visto nada parecido. Por un lado me fascina ser un novato y no entender ni media sigla de los partidos que aquí se presentan y sus extrañas coaliciones. Por el otro me preocupa el pesimismo de mis amigos acerca de lo que pueda pasar en verano con los comicios. El PRI aquí lleva tantos años perpetuándose en la poltrona, salvo pequeñas excepciones, que poca fe tienen en un cambio.
II
En tu segunda parte de la carta me narrabas un momento generacional. La generación global antes de la globalización. Es curioso que sin haberlo vivido yo también añore ese Londres tuyo. A mí me tocó responder el cascarón de casa de los padres en un mundo post 11S. También escuchábamos Massive Attack en los bares y en las calles se hablaba de la recién estrenada intervención española en Irak. Yo tenía 18 años y llevaba poco más de seis meses en Madrid cuando estallaron las bombas de Atocha. Si tuviera que ponerle música a esos días probablemente sería This is the end de Los Doors, porque cuando se la vi corear a un amigo en El Rey Lagarto sentí vergüenza de no conocerlos y admiración por mi amigo. Mi imagen del despertar infantil fue la de unos nazis persiguiéndonos al trote desde Ferraz hasta la Ciudad Universitaria. Ahora lo pienso y me río de que estuviéramos en la sede del PSOE contentos, pero entonces suponía la caída de Aznar y eso se merecía un buen brindis. Esos nazis fueron la metáfora de lo que vino después. Una generación a la que se le pasó la borrachera de golpe para huir a trompicones de los malos tiempos. Ah, esos malos tiempos que ya nos han alcanzado.
Si pienso en Madrid me acuerdo de Interviú. Fue mi primera gran casa periodística. Allí aprendí lo que se tenía que aprender y olvidé lo que se tenía que olvidar. La noticia del cierre me ha dejado tocado. Primero por los compañeros que se ven obligados a meter sus cosas en cajas y marcharse a buscarse la vida a otro lugar. Segundo, porque el mundo nos prepara para despedirnos de nuestros seres queridos pero nuestros padres nos inculcaron que las empresas donde uno trabaja casi siempre son para toda la vida. Ahí está la brecha. Somos la generación más sobreprotegida de la historia y ahora, que nos ha caído un buen marrón, no hemos sabido bien cómo actuar. En Interviú escribí sobre drogas, sobre corrupción en la Guardia Civil, sobre sexo, sobre medio ambiente, sobre Castor, sobre ciudadanos sin papeles, sobre el 15M, sobre cazadores de meteoritos y miembros del gobierno norcoreano. Uno de mis últimos textos publicados allí hablaba sobre el terremoto de septiembre. Ahora el terremoto ha vuelto. Tengo 32 años y aunque todavía no sé lo que se siente al cobrar una paga extra o tener un contrato fijo, he vivido más de cuatro procesos de cierre o de despidos en las empresas en las que he trabajado. Ni siquiera ya somos tan jóvenes. A mi edad mi padre tenía cuatro hijos, un coche y una casa. Siento el temblor que produce el vértigo de saber que ya deberíamos empezar a ser los hombres que soñamos que seríamos.
Un abrazo grande desde la ciudad más Algora de toda América.
Carta número 3 – Marcos Rubio 

Valencia 14 de Enero de 2017

LUGARES  PARA VOLVER

Dear Carlos, con tanto ir i venir vas a terminar regresando a alguna ciudad donde nunca estuviste. Te notó  como arrastrando los pies, lo de Interviú te ha golpeado en el músculo de las esperanzas. Llevo una temporada pensando que estos tiempos de turbo capitalismo acelerado, de ansiedad por tener la última versión del móvil,  la ultima aplicación y por conocer el último grupo referenciado en Pitchfork nos va a terminar devorando. Tantas series por ver, libros por leer, canciones por escuchar;  así no hay manera. El tiempo es un bien escaso, la precariedad es la nueva realidad y la vida laboral un camino lleno de accidentes. Quizás cuando uno es joven siempre hay una crisis que se interpone en tus planes  pero hace rato que tu generación dejó de ser veinteañera y la crisis sigue ahí, aplazando la emancipación, el tener hijos, el trabajo de tu vida, la casa definitiva y un montón de cosas más. De esta última sacudida, la explosión nuclear del 2008,  tan feroz e injusta, me escapé por poco pero, toquemos madera,  las cosas siguen jodidas de verdad y  esto no es un sarampión que se terminará diluyendo con el tiempo.  El último incremento del PIB certifica que vivimos en el mejor de los mundo posibles. No me extraña que los post millennials sueñen con ser youtubers ni que el trap seco y nihilista  este desplazando  al reggaeton de sus teléfonos móviles. Si ves como se lo montan en los videos  Bad Bunny, Maluma, lo poco que se corta Bad Gial y  como triunfa C Tangana  apetece dejarse llevar por el ritmo lento, el autotune y la celebración del momento; hay que olvidarse de los desastrosos índices de paro juvenil que son mas triste que el Love Will Tear Us Apartde Joy División. Si la realidad real te cierra todas las puertas ¿ Cómo culpar al que se refugia en la realidad virtual? Tener la PS4 es lo más cerca del triunfo personal que muchos de ellos van a estar nunca. El otro día, uno de mis alumnos, dieciséis años, me aseguró que el reggaeton de ahora no es como el de antes. Me gustaría entender a que se refería pero creo que ya es tarde para mi, es lo que tiene estar apunto de cumplir los cincuenta.

II

Elecciones en México querido Torres,  El PRI  eterno, los derechistas del  PAM y la izquierda del PRD que creo que dirigía López Obrador en la segunda mitad de los noventa cuando yo trabajaba en el restaurante Nachos de Fulham road. ¿ Ahora que vuelve todo y las reediciones de clásicos copan los puestos de los discos más vendidos volveremos a tener el regreso del zapatismo versión 2.0? Espero que no me malinterpretes si te digo que  me sigue gustando mucho la política, no pongas esa cara de estupor que ni me drogo ni tampoco bebo ya en exceso. Tengo el pelo cada vez más blanco pero, ni el cinismo  ni las derrotas han conseguido arrasar mi confianza  en muchas mujeres y hombres que deciden sacrificar su tiempo, sus esfuerzos y sus capacidades para mejorar la vida de los demás. Te va a tocar abrir los ojos y ponerte al día para desvelarnos algunas de las claves de esa contienda electoral ¿Será todo populismo, nacionalismos de madera, posverdad,  retórica vacía contra la corrupción y contra la política tradicional, promesas de soluciones sencillas a los problemas complicados de la globalización, de las incertidumbres de la sociedad del riesgo y a las sacudidas de la revolución tecnológica como hemos visto en Europa o te encontrarás con elementos locales que sólo se explican desde el realismo mágico mexicano?

El sábado pasado decía el Roto en El País con su clarividencia habitual:- “ Si cavas lo suficiente siempre aparece alguna patria”.  Qué mal le sienta a las izquierdas la discusión sobre las patrias y la dialéctica de las banderas. Ese mismo día el periódico global  llevaba en portada una encuesta que daba vencedor al partido naranja.  “Ciudadanos rompe el tablero y se dispara hacia el Gobierno”. El titular en primera página  me resultó tan eufórico que apunto estuve de irme a la plaza del ayuntamiento para meterme en la fuente a celebrar la victoria de los españoles auténticos.

No soy muy de botas camperas, whisky sin hielo, camisa medio abierta, chaqueta de cuero  y Ray-Ban de aviador pero el viernes me compré el último disco de José Ignacio Lapido “ El Alma Dormida” y me está gustando mucho. Creo que es el sexto en la carrera del ex 091 pero es el primero que ha llegado a mi tocadiscos. Esta guay, rock clásico, guiños incluso a Teenage Funclub, gusto por las melodías y unas letras sobresalientes que por momentos son casi morales, si te apetece,  échale un ojo, como eres más enemigos y mas rock que yo, creo que te podría gustar mucho.

El cierre de la revista Interviú te golpeó donde duele,  es  muy normal que se te viera triste, los años en esa redacción son parte de tu educación sentimental y también están todos los compañeros que perderán el empleo.  Igual terminan teniendo razón los que vaticinan con toda la ligereza  que las publicaciones de papel están condenadas a desaparecer pero no los soporto ¿ Sabías  que uno de los primeros periódicos que me compré en mi vida fue el diario Ya?  Era 1982, tenía catorce años  y estábamos de viaje de fin de curso en Mallorca. Creo que me compré ese porque era el último  que quedaba en el quiosco.  Lo hice para parecer mayor,  para parecer distinto y porque me empezaba a interesar el mundo de fuera. Fue el año del mundial de España y de la guerra de las Malvinas. En la radio sonaba mucho  “Me colé en una fiesta”  de Mecano, “Este amor no se toca” de Yuri  y el  “Bienvenidos” de Miguel Ríos. Cuando Souvenir de la OMD se colaba en los Cuarenta Principales me quedaba alucinado; aquella canción tenía algo especial que me ensimismaba, que me tocaba mucho y que me conmovía como sólo te  ocurre en la adolescencia. Muchas cosas han desaparecido sin dejar huellas pera  esa melodía sigue teniendo la capacidad de acariciarme la piel por dentro.  De cuando en cuando la buscó entre los cortes de Arquitectura y Moralidad  y vuelvo a aquel viaje en el que dijimos adiós al colegio y dejamos atrás  la infancia para siempre. Con el tiempo he aprendido que hay lugares como hay canciones a los que uno termina por volver.

Carta 4 – Carlos Torres

Querido Marcos,

había empezado a escribir esta carta de respuesta pero me acaba de llegar un mensaje que me ha hecho borrar todo. La vida es un palimpsesto: escribir, borrar, escribir, sin llegar a entender demasiado. El mensaje que he recibido dice: ‘Se ha muerto la cantante de los Cranberries’. Nunca me fascinaron como grupo pero la noticia me ha teletransportado a mediados de junio del noventa y cinco. Era el festival del colegio y en vez de bailar la típica canción de Grease, a los profesores se les ocurrió que podíamos interpretar una pequeña obra en la que un abuelo, un hijo y un nieto discuten sobre qué época musical es mejor. Como si fuera un juicio, los tres familiares aportan canciones a modo de prueba. Al final todos se convencen de que lo importante es que una vida sin música merece menos la pena. La canción que presentó el hijo fue Zombies de The Cranberries. Toda mi clase la bailó, menos yo, que interpretaba al padre porque para entonces ya era un señor mayor. Interviú, Zombie, The Cranberries,… Imagino que crecer es aprender a despedirse.

Después de dos o tres días con jetlag, por fin me he establecido de nuevo en la Ciudad de México. Me gusta mucho vivir aquí. Me gusta caminar solo por lugares por los que nunca había caminado y saber que se están fabricando recuerdos que te asaltarán en unos años. Nunca me había adentrado tanto al oriente del Zócalo como ayer. Harto de cantinas que imitan a cantinas antiguas, entré a La Potosina una cantina antigua que pretende modernizarse. En la puerta una Santa Muerte (una imagen sincrética que veneran en los barrios más humildes), en la barra un gato que robaba comida, en la tele un programa que hablaba de OVNIs y al fondo dos esqueletos de cartón piedra sobre los que revoloteaba un ejército de moscas. Leí más tarde que ese solía ser el punto de reunión de varios jugadores del Atlante, un club fundado en una de las colonias de la ciudad. Pero el Atlante se mudó a Cancún hace un tiempo y con ellos los años de esplendor se esfumaron.

No sé si el reguetón de ahora es distinto al de antes, aunque sospecho que los dependientes de los mercados del centro histórico podrían ayudarnos a dirimir las diferencias porque esa es la banda sonora que acompaña allí a las compras. En cuanto a lo que dices de la precariedad. Las nuevas generaciones han visto el fracaso de mi generación y están listas para superarnos. Ya somos treintañeros, el mundo les pertenece ahora a ellos y nos han pasado por la izquierda (y según el periódico global, también por el extremo centro).

Aquí, como en España, no sé bien lo que es derecha y lo que es izquierda: El PRI, el PAN, el PRD (López Obrador dejó el partido y fundó el movimiento MORENA por el que se presenta por enésima vez para perder las elecciones). Yo sólo veo una gran desafección en toda la gente con la que hablo. “México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, leí una vez. Y parece verdad. En lo que va de 2018 ya han asesinado a otro periodista en el norte del país. El nivel de impunidad supera cualquier percepción lógica. El periodista denunciaba la connivencia entre el poder político y el poder económico del narco, lo apuñalaron cuando conducía a plena luz del día en un coche lleno de familiares. Todo lo bueno que cuentan de México es verdad y también todo lo malo. Vivir en este país es aceptar que te puede golpear una ola fría o una caliente.

Pero volvamos a la música, a tu fin de curso y a mi agenda de conciertos. La semana que viene iré a ver a Cigarrettes after sex y a The National, la que viene a Willie Colón y Bruno Mars. Quizá debería escribir lo que ocurre dentro del cuerpo de un hombre adulto cuando se le somete a tanto cambio. A los muchachos de pitillos después del sexo los veré en el Frontón México, un viejo edificio Art Decó donde ahora se reúne la comunidad vasca para ver partidos de pelota. A mí me gusta mucho la pelota y esa obstinación en rebotar una y otra vez contra el mismo mal. Ella tampoco vuelve nunca al mismo punto del muro, pero siempre regresa una y otra vez con la fe de que algún día, en una de esas veces, por fin lo pueda traspasar.

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Crónicas sísmicas. Café nacional en local republicano y otras contradicciones.

villarías

En la Calle López hay un local que cambió tres sardinas entrelazadas por tres granos de café en el cartel de la puerta. La familia Villarías tenía una fábrica de conservas en Santoña (Cantabria) que estuvo abierta hasta el año 37. Ese año los Villarías emigraron primero a Asturias y después a Barcelona huyendo del bando nacional. Cuando constataron que el futuro no sería mejor para ellos en Cataluña, dieron de nuevo el salto y se marcharon a Francia. Allí estuvieron hasta que la amenaza nazi se cernió sobre los franceses y  los Villarías embarcaron de nuevo rumbo a Veracruz. En el 42 la familia acabó en la calle López de la Ciudad de México y pudieron deshacer por fin las maletas.

Desde entonces hay un local en la esquina de esa calle en el que se puede comprar café. Los Villarías adornaron con fotos de su pueblo la barra y bordaron la bandera tricolor en las mangas de los empleados. Hoy el local vende 100% producto mexicano . Y aunque quizá sea una ironía que un café republicano venda sólo producto nacional, el olor a café molido es tan bueno que dan ganas de quedarse a pasar la tarde sin  tener nada más que hacer que respirar.

Siempre que paso por allí me siento a tomar un cortado. Ayer me atendió Iván, un chico de Santoña que conoció hace unos años a la nieta de los fundadores del café en unos carnavales en Cantabria y se enamoró. Iván fue remero profesional en el equipo de Santurce hasta el año pasado, pero después de la última bandera de La Concha decidió dejarlo. Hoy echa una mano en el local familiar de los padres de su novia mientras prepara un iron man. Hablamos un rato y compartimos historias de temblores mientras pienso en que su viaje a México es una forma de cerrar el círculo y que más allá de la guerra siempre habrá mil motivos mejores para emigrar.

Avenida Presidente Mazaryk

Polanco es uno de los pocos sitios que conozco en la ciudad donde la gente puede permitirse caminar sin mirar al suelo porque no hay riesgo de tropezarse con las raíces de un árbol, las grietas endémicas o una pira de piedras levantada de la noche a la mañana por un buen puñado de obreros que juegan al escondite con nuestra paciencia. Polanco es la patria de la Zeta, la pequeña nación donde un pequeño grupo de emigrantes ha decidido autoproclamarse como expatriados. Es decir emigrantes que, por tener una mejor cuenta corriente, se creen con derecho a no serlo. En Polanco hay familias enteras de españoles que pocas veces salen de la colonia si no es para ir al aeropuerto y que cumplen con el cliché del padre al trabajo, los niños a la escuela americana y la madre al gimnasio o la clase de inglés.

Por todas esas cosas, hay algunos amigos que insisten en decir que Polanco no es México. Pero yo no estoy de acuerdo. Polanco es casi lo más México de México, el fruto fresa de la dualidad en la que los aztecas basaron su cultura: la vida y la muerte, el mundo y el inframundo, el hombre y la mujer, Iztapalapa y Polanco. La cicatriz bonita de la herida de la desigualdad.

Calle Emilio Castelar

Las aves del aviario del Parque Lincoln gritan y graznan con un ruido ensordecedor. Si no fuera por el letrero de la entrada que asegura que allí se abre los fines de semana y que está prohibido tirar basura, más de un despistado podría confundir su gran cúpula con la sede de un honrado parlamento.

Me despido de la colonia por la vía que secciona en dos el parque: A la derecha la estatua de Lincoln, a la izquierda la de Martin Luther King JR, apóstol de la emancipación. Bajo su sombra una interna uniformada pasea el perro de sus patrones. Cuando me alejo descubro que algún chistoso ha bautizado a la calle con el nombre de Julio Verne y, ahora que regreso, ya no sé si todo lo que he visto ha sido producto de la ciencia ficción.

interna

Bosque de Chapultepec

El Audiorama es un rincón idílico que está escondido detrás del monumento a las fuerzas de expedicionarios que ayudaron a liberar las Islas Filipinas en la II Guerra Mundial. Al entrar suena Bach y pueden prestarte libros de Bolaño, Curiel, Elena Garro o Thomas Mann para sentarte a leer en sus bancos de colores. Disfrutamos del lugar hasta que descubrimos que, en una curiosa afectación del síndrome de Sthendal, hay un señor que interpreta su propia sinfonía íntima sentado en una esquina. Mientras nos vamos me pregunto si será la música, la literatura o la naturaleza lo que le habrá podido excitar.

audio

foto @niasanjuan

Avenida Cuauthémoc

Los sábados hay un mercado de antigüedades en el parque Pushkin. El Parque Pushkin es la frontera natural entre la colonia Doctores y la Colonia Roma. Otro espigón que parte las olas de la ciudad. El primero es un barrio en el que muchos amigos nos recomiendan extremar la precaución al pasear, el segundo, un lugar donde somos nosotros los que hemos aprendido a cuidar nuestra cartera si no queremos endeudar. Quizá por eso nunca se termina de saber cuándo se convertirá en moderno tener en casa alguno de los trastos viejos que venden los comerciantes en las mesas del mercadillo.

Hace unos años, esa línea divisoria estaba situada a una centena de metros al oeste del parque, en una calle que lleva el irónico nombre de Frontera. Hoy, el frente de batalla de la especulación le gana terreno a la mala fama y ya hay gente con buenos salarios que empieza a vivir más allá del Pushkin. Yo he visto una revista de 1974 que hablaba de vascos y  me arrepiento de no haberla comprado porque hoy en día podría haber acabado en la cárcel.

los vascos

Parque Delta. 

Es fin de semana y necesito unos pantalones. Nos recomiendan ir a Santa Fe para disfrutar de las rebajas, pero hemos desarrollado miedo y alergia a ese mastodonte comercial. Nos dirigimos al Parque Delta. Allí donde ahora hay un centro comercial moderno, estuvo el diamante del campo de béisbol donde el gobierno de la ciudad colocó la morgue provisional del terremoto del 85. Miles de muertos yacieron en la arena sobre la que hoy miles de vivos buscan un descuento. Tiemblo un poco cuando lo pienso un segundo antes de entrar a una tienda que promete un 50%. Parque Delta nos recuerda que el capitalismo tiene unos cimientos muy resistentes.

 

 

Mishima y la música triste del Procés

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El pasado 17 de octubre actuaba la banda catalana Mishima en al Palau de la Música de Valencia para presentar su ultimo trabajo Ara I Res. Mientras disfrutábamos del concierto de los barceloneses, nos fue imposible abstraernos de todo lo que estaba pasando en Cataluña, en España y en nuestras vidas

Son las nueve de la noche y la actuación está a punto de comenzar; salen de la nada Xavi Caparrós, Marc Lloret, Alfons Serra y Dani Vega, se acomodan los instrumentos y comienzan a tocar. Al momento, aparece en el escenario David Carabén con sus gafas de pera y su peinado característico, calza botines, viste de negro ceñido, lleva una botella de vino en una mano y una copa en la otra. Ceremonioso se sirve un poco y brinda por la libertad de los dos Jordis- Cuixat y Sánchez-, que acaban de ser encarcelados por su papel en los altercados del 1 de octubre. Parte del publico aplaude pero otros se mantienen impasibles en sus asientos, no parecen concernidos por la reivindicación que acaba de lanzar con teatralidad. La voz y la batería suenan potentes, las guitarras muy flojas. Falta equilibrio como en todo este desafío. A estas alturas ya hemos aprendido que los que más levantan la voz no son necesariamente los más inteligente

Cuanta pena y cuanta tristeza da todo, incluso ahora que parece que ha amainado algo la tormenta ¿Se habrán refugiado en Bélgica buscando la placidez del otoño? Es tan corto el amor y tan largo el ridículo. Habíamos dado por hecho que el 155 y la Declaración Unilateral de Independencia ( DUI) eran los límites infranqueables del juego; mientras no se rebasaran siempre quedaría una oportunidad para la negociación y la política. No lo esperaba nadie pero el nerviosismo y la improvisación te pueden llevar a cualquier sitio. Ahora estamos peor, mucho peor, que nadie piense que esto ya se ha resuelto. Sería muy torpe que todos los protagonistas repitieran de nuevo el guion y volviéramos a cometer los mismos errores. Tanta estrategia, tanto regate corto, tanta energía y audacia desplegadas inútilmente por una parte; tanta parsimonia, desprecio y arrogancia mostradas por la otra terminó con el juguete en el suelo, roto en mil trozos. Las legitimidades enfrentadas, las mentiras, los relatos falsos, los errores, la vanidad, el calculo electoral miserable, los intereses mediáticos y la estupidez de muchos impidieron que se evitará el desastre. El procés más triste, la independencia sin épica y sin héroes fue proclamada el viernes. Minutos después, el gobierno de la Gürtel, de los recortes, de la manipulación de la TVE, del desinterés por las reivindicaciones catalanas y por la España plurinacional se hizo cargo de la situación como no podía ser de otra manera ¿Cómo se les ocurrió proclamar una republica tan pequeñita donde apenas cabía la mitad de la población? Sin la entera mitad de las cosas, como cantan los barceloneses El Ultimo Vecino, faltaba paraíso para todos.

-Ara que et trobes enmig de la merda– , cantan en S´haurà de fer de nit . Llevamos un rato de concierto y se les recibe mejor. El sonido parece más equilibrado, las guitarras han ganado presencia y coincidimos con ellos en que estamos en medio de la mierda. La republica proclamada, la fiscalía trabajando para imputar al presindent, a su ministros y a los miembros de la mesa del parlament;  ya hay elecciones convocadas para el día 21 de diciembre y una batería de medidas dispuestas para intervenir la autonomía. Llevamos semanas en que el tema catalán lo ha inundado todo, se acabaron de repente los problemas, la corrupción, las desigualdades, el desempleo, la precariedad, el riesgo de exclusión social, la sequía, etc. En medio de la tempestad, de la electricidad de los gestos y del vértigo de los desafíos, el señor Rajoy intenta reinventarse de estadista sobrio que ha de salvar la unidad de la patria. El PSOE vive una situación complicada porque su apoyo al gobierno desdibuja sus contornos y se hace difícil percibir su silueta. También los de Pablo Iglesias se dejarán jirones en todo esto, han aparecido demasiado obsesionado por criticar al PSOE y al PP y no han sido tan contundentes con el lamentable papel de la derecha catalana independentista y sus socios de aventura. A los que se les ve eufóricos son a Ciudadanos, las encuestas premian su hiperespañolidad, su defensa nerviosa de la Constitución y su retórica frentista que fulmina los espacios de dialogo y presenta cualquier búsqueda de una solución aceptable para todos como una traición. Vencer, derrotar, imponer, echar al enemigo independentista antes de que el acabe con nosotros es un relato que conecta con muchos de los que se molestaron en ir al bazar chino a comprar su bandera nacional.

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Proclamar la independencia unilateral parecía un error estratégico que devolvía la iniciativa al presidente del gobierno. Estábamos convencidos de que  los líderes del procés nunca lo harían y que convocarían elecciones en el último minuto. Eso es lo que se filtró por la mañana para preparar el camino pero entonces las redes sociales se incendiaron. Hace falta ser muy valiente para aguantar que te llamaran Judas los que antes te aplaudían. El president olió a traición y decidió que había llegado el momento de hacer Historia con mayúsculas. Menudo viernes de ir y venir, de una cosa y de la contraria, de confusión, de enredos, de desconciertos y sorpresa. A media tarde, en la hora tonta de la siesta, llegó lo que nadie espera y los independistas comenzaron votar. Con 53 diputados de la  oposición en la calle, la victoria fue aplastante: 70 Sies y 10 noees; bienvenidos a la República Independiente de Cataluña.

La tarde se había enfriado de repente y se podía oler el vértigo de lo inesperado en las caras del president, del vicepresident y de muchos de los diputados que los arropaban. En la escalinata se arremolinaban los alcaldes independentista que habían sido invitados para dar color con su bastones de mando. Una bandera de la ONU colgada de la balaustrada adornaba la escena con más pena que otra cosa, Ya está, ya eran libres, el sueño del pueblo catalán se había hecho realidad. Al poco rompieron a cantar Els Segadors con gesto solemne, parecía que buscaran en la épica de la canción lo que el voto secreto les había hurtado. Acababan de conseguir la utopía de un pueblo pero los veíamos serios, preocupados y alguno hasta desencajado. Solo los cuperos, puño en alto, se felicitaban como si todo fuera parte de un juego, les debía  importa muy poco las consecuencias económicas de todo aquello porque son anticapitalistas; si hay obreros que terminan perdiendo el empleo por la fuga de empresas o por el boicot irracional de los torrentes rojigualdos, pues que se jodan, son los daños colaterales la revolución nacional catalana. –Si vols que surti el sol abans s´hauria de fer de nit-, continua la canción; oscuro si se había puesto todo pero ese sol de la esperanza se intuía muy lejano

¿ Dónde estabas entonces, cuando tanto te necesite?- se preguntaban El Último de la Fila- Rajoy nunca hizo nada aunque las cosas se iban poniendo feas. No fue la mejor idea llevar el Estatut aprobado por el Parlament y votado por los ciudadanos al Constitucional, tampoco intentar españolizar alumnos catalanes o mirar para otro lado cuando lo del boicot al cava y a los productos catalanes. Ahora sería un desastre total utilizar la nueva posición de fuerza que le otorga el error de la DUI y la activación del 155 para incrementar las divisiones, los agravios, los reproches y las humillaciones. El maravilloso dúo catalán Astrud tituló su álbum de debut de 1999 Mi Fracaso Personal, ya podemos concluir que el procés ha sido el fracaso personal del señor Puigdemont, del señor Junqueras y también del señor Rajoy. Las manifestaciones inmensas protagonizadas por los independentistas y también las protagonizadas por los defensores de la unidad solo han servido para constar la magnitud de los destrozos y la profundidad de las heridas.

Las banderas patrióticas del bazar chino se hacen viejas en las ventanas como algunos de los días históricos vividos. Aparecieron como los músculos que se contraen ante una amenaza. La vía visceral iba de eso; dinámicas de acción y reacción. Al atropelló independentista de los días 6 y 7 de septiembre en el parlament y al desafío del 1 de octubre siguió la represión burda, brutal, inútil, injusta y torpe del día de las elecciones prohibidas. Despropósito tras despropósito hasta el fracaso final. Banderas esteladas en media Cataluña y banderas españolas en media España se agitaban con arrogancia. Si me amenazas prometo escaparme, advertían la Dama Se Esconde, el problema es que no había un sitio donde ir porque unos y otros éramos todos parte de lo mismo y los que siempre creímos lo de mi patria en mis zapatos, nos habíamos visto superados por la marea de banderas, por los ánimos enconados y por la irritación sorda. Malos tiempos para la lírica.

Nos cuenta el líder de Mihima, al presentar una tema de su disco de 2014 L´Ànsia Que Cura, que aquella colección de canciones había sido compuesta bajo la luz del pesimismo. Reconoce que por aquel entonces estaban hechos polvo, la crisis golpeaba fuerte, la llegada de refugiados ponía rostros a la crueldad de la guerra, habían tenido hijos y cada vez eran más conscientes de que les esperaba un mundo peor, con menos oportunidades, con trabajos más precarios y con un futuro más complicado que el de sus padres y en eso, fue tomando cuerpo la reivindicación de una república catalana independiente, como una oportunidad para escapar de ese destino gris. La crisis económica que alentó las demandas de más democracia, más justicia social y menos corrupción, que llenó las plazas y consolido mareas contra los recortes y en defensa de la publico también sirvió de combustible a la causa del independentismo que empezaba a ser percibido por mucha gente, especialmente los jóvenes, como la nueva utopía.

Llega mi momento favorito de Ara i Res, una píldora de pop vibrante que se aleja de ese sonido catalán confortable que podría trazar lazos concomitantes con los Manel e incluso con Senior i el Cor Brutal;  es una tema nervioso y vital que parte de un poema de WH Auden, The More Living One, traducida por David Carabén como Qui més te estima. La melodía arranca con un punteo de guitarra feliz y cabalga con determinación hacia un estribillo de un romanticismo total, Yo quiero ser el que más te quiera proclama un cantante que cierra los ojos y siente lo que está diciendo. Estimar a Cataluña y a sus ciudadanos tendría que ser el principio de todo, superar la dialéctica de victoria y derrota, de los desafíos y las trampas  un compromiso. Aún pasaran más cosas desagradable y llegarán más días grises y estaría muy bien que ganaran protagonismo los que tienen ganas de coser por encima de los vidrios rotos y las esperanzas heridas ¡ Abajo los egoísmos y arriba la generosidad! Durante  la actuación he descubierto que no comparto ni los planteamientos ni los anhelos independentista del líder de Mishima pero estoy convencido de que  seriamos capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental. Termina el concierto, se despiden agradecidos y aplaudimos a rabiar. Cataluña y nosotros nos merecemos otra oportunidad.

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Crónicas del DF. La capital de la ironía

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Carlos Torres

Delegación Gustavo Madero.

El santuario de nuestra señora de Guadalupe está en una explanada debajo del cerro donde el indio Juan Diego tuvo su visión. Hoy algunos fieles caminan de rodillas hasta el encuentro con su virgen, la virgen de América. Nosotros venimos en bicicleta y de camino nos encontramos con puestos de comida, grupos de música, venta de camisetas de fútbol, un pájaro que te acierta el futuro, puestos de estampas religiosas y otras pruebas de fe para los adeptos del domingo por la mañana. Hay en la explanada dos iglesias en las que se oficia misa de manera simultánea. La nueva, abarrotada de cabezas en su liturgia circular, y la vieja, vencida por los temblores. Cautiva escuchar la rectitud del sermón desde una iglesia tan torcida.

 

Delegación Magdalena Contreras. 

En el DF, el Magdalena es ya el único representante de su viejo sindicato que todavía cree en la lucha. El río es un milagro que serpentea las montañas del sur para desembocar sobre el caos. A los bosques de esas sierras se les conoce como los Dinamos porque hace décadas, en su caída libre a la civilización, las aguas del cauce movían unas turbinas que generaban luz eléctrica para abastecer a las calles de Ciudad de México. Sin embargo, hoy Los Dinamos son edificios abandonados a la intemperie y la ciudad ha dado caza a todos sus ríos para entubarlos. A todos menos a uno que todavía resiste escondido al sur de la ciudad. Muchas familias se acercan hasta allí los fines de semana para celebrar con un asado que el Magdalena es el último torrente sano que queda en el Distrito Federal. México se levantó sobre un lago.  Por eso,  sorprende que, en esta megalópolis de tradición anfibia, el agua esté tan perseguida.

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Colonia Condesa.

En mi calle hay varios edificios desalojados todavía. En la puerta de uno de ellos hay una mesa, unos sillones y un camping gas que dan asiento, alimento y lumbre a las personas que hacen guardia en la puerta de su casa por miedo a que otros más desgraciados que ellos entren para hurgar en sus ruinas. En la Condesa el terremoto pasó hace unas semanas pero el temblor interior todavía nos habita. Cada vez que un carro ambulante escoge nuestra ventana y anuncia la venta de ricos tamales oaxaqueños o la compra de algo de fierro viejo que vendan, nos levantamos sobresaltados de nuestro refugio en el sofá. Después el oído afina y el miedo se disipa, pero en una ciudad fabricada de tantos ruidos como ésta, cada sonido esconde una advertencia. No sé hasta cuándo durará el temor, pero hace semanas que dormimos con una mochila preparada en la puerta. Es curioso que, cuando el miedo acecha, lo imprescindible quepa cada noche en dos palmos de tela.

Colonia Roma.

Leo en una revista semanal sobre el distinto impacto mediático que han generado respecto al terremoto las colonias del DF en función de su estrato social. El castigo de los personajes de Pedro Páramo era el de no poder abandonar su historia. El castigo hoy para muchos habitantes de México es el de no poder estrenarla.

Colonia Juárez

El día de mi cumpleaños recibí un encargo para Esquire Latinoamérica, comí con editor de revistas peruano en un uruguayo y tomé el café en el loft de un fotógrafo cántabro que tenía un viaje a Filipinas y bautizó a su perra como Atrevida por una de las dos naves que llevaron a Malaspina a estudiar el planeta. También escuché jazz en el ala escondida de una hamburguesería de la Juárez y no me dejaron entrar a uno de los speak easy de moda que hace cócteles británicos por no tener reserva. En una de las urbes más grande del mundo, todos los continentes parecen más cerca.

Colonia Roma. 

En la ciudad de los millones de lenguas, alguien nos contó que han cerrado el Salón San Luis. Aquí todo el mundo tiene su propia teoría porque a algunos mexicanos les gusta la salsa en vivo pero bailan mucho mejor sobre la música de los rumores. Recuerdo que unas semanas antes de que cerraran, fuimos a pasar una noche allí con unos amigos. El San Luis es uno de los pocos sitios donde todavía funciona el viejo sistema de fichas de las antiguas academias de baile. Si no tienes pareja para sacar a bailar puedes comprar una ficha y entregarla a alguna de las profesionales que cobran por compartir cumbias con hombres solitarios. En la era de las aplicaciones de citas, una persiana bajada todavía deja sin cobertura a cientos de personas.

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Monumento a la Revolución.

En la plaza que loa y da descanso a los viejos héroes revolucionarios, hay un antiguo edificio art decó que alberga en sus tripas un frontón de pelota vasca. Unos empresarios reabrieron el Jai Alai poco antes de que nosotros desembarcáramos en la Ciudad de México y el recinto ya ha cobijado una temporada completa de cesta. Me gusta que en un país tan preocupado por los muros que quiere levantar el vecino del norte, unos vascos recuerden con su deporte que una pared también puede servir para divertirse.

Las huellas de la desorientación (y III)

Corbyn Super Star

Romperlo todo y empezar de nuevo

( Orange Juice, Rit It Up, 1983)

El Fin de la Fiesta

Lo peor del Brit Pop fue lo que vino después, el éxito de Kasabian, la épica de estadio de Muse y  el Viva la Vida de Coldplay convertido en manual de autoayuda frente a la adversidad.  Se habían detectado problemas en pequeños bancos norteamericanos y algunos impagos de hipotecas desde el verano de 2007 pero la fiesta del ladrillo continuaba batiendo récords en España en Irlanda y en otras provincias del imperio.  Este Too Fast Too Furious  del crecimiento económico irracional se estrelló contra el suelo el 15 de septiembre de 2008;  siete años después de la caída de las Torres Gemelas, el gigante Lehman Brothers anunció formalmente que estaba en quiebra. El estruendo fue descomunal, el impacto casi fulmina la red nerviosa del sistema económico. El miedo se filtró por todos los poros y la desconfianza hizo que los agentes económicos se retiraran a lugar seguro. La maquina del capitalismo frenó de repente y las burbujas, inmobiliaria, financiera, crediticia etc.,  empezaron a estallar como pompas de jabón.  No tardaron en llegar los despidos, los recortes, las angustias, las depresiones y las grandes proclamas de refundar el capitalismo. Amy Winehouse se negó a volver a rehabilitación y Katy Perry reconoció a haber besado a una chica. La recesión golpeaba duro y a Gordon Brown se le puso cara de boxeador noqueado mientras prometía planes de estimulo que nadie creía. Llevaban demasiado tiempo obsesionados por atrapar todos los votos, catch it all, por ser el partido de las clases medias y por resultar creíbles para los poderes económicos y para los medios de Rupert Murdoch. Los tiempos duros habían llegado y el gobierno parecía gastado, desdibujado e incapaz. La gran traición del laborismo de Blair y Brown fue olvidarse de combatir la desigualdad y convencer a la clase trabajadora de que el progreso era poder disfrutar de un I Phone pagado en cómodos plazos.

Sueldos bajos, prestamos abundantes y a bajo interés habían sido el sexo, drogas y rock and roll de los felices noventa; década y media de crecimiento dopado con los anabolizantes del endeudamiento fácil como si fuera un atleta de la RDA. El crédito se encogió de repente, credit crunch, la economía se paró, el miedo lo lleno todo y la desconfianza comenzó a coagular en las arterias del sistema extendiendo el riesgo de embolia a todos los rincones. La Gran Recesión avanzaba sin piedad precarizando el empleo, fulminando puestos de trabajo y expulsando a la gente de su vida modesta. Los costes de los servicios básicos aumentaron, se recortaron ayudas, las expectativas se evaporaron y muchos sueños se volvieron quimeras.  La adversidad y el desempleo trituró matrimonios, disparo ansiedades y depresiones y no faltó quien salto a las vías del metro. De repente,  la vida y la propiedad se habías devaluado y eso multiplicó las oportunidades de los mejor situados para enriquecerse con más facilidad. La lucha de clases se mostraba con toda su crudeza y, como advirtió el millonario Warren Buffet desde la atalaya de sus más de sesenta mil millones de dólares de riqueza personal, los ricos iban ganando.

Nother Rock

Nother Rock no es un mal chiste del fantástico Nother Soul que se escuchaba en de Twisted Wheel y en el casino de Wigan, fue mucho peor, ese nombre tan eléctrico fue el de una de las primeras entidades financieras en avisar al mundo que el virus de las hipotecas locas había llegado a Europa. Fue el 14 de septiembre de 2007 cuando esta antigua cooperativa de ahorro, que había crecido con glotonería en los noventa hasta llegar a cotizar durante un tiempo en el selectivo FTS100 de la Bolsa de Londres, tuvo que pedir  ayuda al Banco de Inglaterra para superar el atracón de subprimes que había acumulado. La cosa fue a peor y el 22 de Febrero del año siguiente no hubo más remedio que nacionalizar la entidad para evitar más destrozos. El riesgo de contagio sistémico era de tal magnitud que al gobierno de Gordon Brown no le quedó otra; estaba claro que ya no habría otro Lehman Brothers, too big to fail. La larga noche de los bancos zombis había comenzado. Hubo declaraciones reclamando refundar el Capitalismo y también intentos de implementar políticas keynesianas de ampliación del gasto y la inversión pero se terminó imponiendo la receta germana de recortes, austeridad y reducción de la deuda en aras de una estabilidad que devolviera la tranquilidad a la economía. La Gran Recesión imponía salvar las entidades financieras primero aunque nos olvidáramos de las personas. Resultaba cómico ver a Cristiano Ronaldo con la elástica del Manchester United y la publicidad del gigante norteamericano de las aseguradoras AIG  estampada en el pecho una vez que esta había sido nacionalizada con dinero de los contribuyentes norteamericanos. Privatizar ganancias y socializar perdidas, era la revolución al revés. El 23 de Julio de 2011, a eso de las cuatro de la tarde, fue encontrada muerta en su apartamento de Camden la fantástica Amy Winehouse; el golpe fue tremendo y vino a confirmar que todo lo que va mal aún podía ir peor. Aquella tarde llovía en Londres con desconsuelo.

  

La Caída

La victoria de los conservadores en 2010 no fue suficiente pero en coalición con un crecido Partido Liberal si sirvió para mandar a los laboristas a la oposición tras trece años de gobierno. El tortazo fue histórico, el laborismo no perdía tantos escaños desde los años treinta y tocaba renovar liderazgos. Pronto se vio que la disputa para sustituir al dimitido Gordon Brown iba ser un tema familiar, algo muy british; si el Swinging London tuvo a los hermanos Davis en los Kinks, los Nuevos Románticos a los hermanos Martin y Gary Kemp y el Brit Pop a los Gallagher de bronca en bronca, ahora era turno para que los Miliband brothers se enfrentaran por el liderazgo de un partido que había quedado exhausto. Por una parte estaba David, guapo, telegénico, comprometido con las ideas del nuevo laborismo, de perfil tecnócrata y con buena parte del blarismo a sus espaldas, era sin duda la  continuidad natural y el favorito de los cuadros del partido. En frente, el hermano pequeño, también con experiencia en el gobierno como ministro y como secretario de estado, exhibía un aspecto más fornido, era menos esbelto, daba peor en cámara y parecía tener un perfil mas ideológico y menos tecnocrático. Parte de los poderosos sindicatos se pusieron a su lado y eso le dio credibilidad, el apoyo de figuras relevantes como Neil Kinnock impulsaron sus opciones. La batalla fue dura y terminó decantándose por el menor de los Miliban por muy poco. La prensa conservadora lo bautizó como Ed el Rojo aunque pronto se demostró que mas que rojo lo que andaba era muy perdido.

Desde el principio fue incapaz de superar el funcionamiento burocrático que se había instalado en el funcionariado laborista y que obligaba a ser prudente, calculador, a mirar al centro del tablero y a no enfadar ni a los poderes económicos ni a los mediáticos. Unos días era de izquierdas, quería poner impuestos fenomenales a los más ricos y otros, la prioridad volvía a ser la competitividad y la modernización de la economía. Apoyó la intervención del Reino Unido en Libia impulsada por el gobierno Liberal Conservador y se revolvió contra su partido culpando a las políticas del nuevo laborismos de ser, en parte, responsables de los saqueos de 2011. Sus idas y venidas le fueron restando credibilidad hasta la derrota final del 2015. En un contexto de crisis y recortes, los conservadores consiguieron la mayoría absoluta, los nacionalistas escoceses se quedaron con casi todos los escaños donde se presentaban y hasta los eurófobos del UKIP les arrebataron escaños en las europeas previas. La derrota del laborismo fue histórica, estaban fundidos, sin credibilidad, sin programa, sin discurso, sin nada que ofrecer. Exceptuando Liverpool, Manchester, algún barrio de Londres y algún enclave en Gales la desaparición apuntaba a tragedia griega de las del PASOK. La hegemonía conservadora era casi total en Inglaterra y la del nacionalismo escocés, en las tierras del norte, superlativa. La gente de izquierdas se había quedado huérfana de oferta electoral y el incipiente ecologismo estaba muy lejos de convertirse en algo parecido a una alternativa solvente.

El Liderazgo inesperado

Construir puentes no muros–  reclamó enérgico  Jeremy Corbyn en un Pyramid Stage tan lleno como si fueran a actuar Radiohead. “La política tiene que ver en realidad con la vida de la gente, lo que soñamos, lo que queremos, lo que conseguimos y lo que queremos para el resto”. El líder del Partido Laborista, camisa azul clara y mirada al cielo, hablaba con convicción. Era la hora de que los combativos Run The Jewels  empezaran su show, sin embargo, los que habían aparecido con el dúo de Hip Hop, ante la ovación general, fueron el señor Corbyn y el fundador del festival, Michael Eavis. Cuando le llegó el momento de quedarse solo en el escenario con sus cuartillas en la mano, se le vio algo desvalido en ese espacio tan inmenso. Tomó aire, se armó de valor y con decisión, comenzó a hablar. Recordó cómo las elites y los comentaristas políticos se habían equivocado con las previsiones electorales y como los jóvenes habían vuelto a la política convencidos de que era posible crear un país mejor. Habló de los emigrantes  como una posibilidad de conocer otras realidades. Exigió servicios públicos eficientes, pensiones y sueldos dignos,  educación al alcance de todos, una sanidad de calidad, vivienda accesible y menos inseguridad. Estaba convencido de que el socialismo democrático tenía las respuestas y, sorprendentemente, cada vez más gente parecía dispuesta a creerle.

 Ni el aparato laborista, ni los diputados del grupo parlamentario, ni muchos de los columnistas amigos en medios como The Guardian New Statesman o en la prensa internacional esperaban lo que ocurrió. El cambio de sistema de elección de candidatos auspiciado para reducir la influencia sindical supuso dar mas poder a los simpatizantes, que se volcaron con el viejo luchador de las causas perdidas. El diputado de Islington Norte  había estado en todas y eso lo hacía muy atractivo para los más jóvenes, había  peleado por el desarme nuclear y contra el apartheid, había defendido una solución pactada en Irlanda del Norte en los años duros, se había sumado al intento de Amnistía Internacional para extraditar a España a Augusto Pinochet, no había tenido miedo en enfrentarse a los líderes de su partido por la intervención en Irak y estaba convencido de que había que enterrar de una vez por todas las políticas de austeridad y los recortes. En su larga trayectoria política no había dudado en saltarse la disciplina de partido todas las veces que fue necesario y por eso era visto por sus compañeros como una extravagancia incomoda. Esta biografía de lucha y compromiso lo revestía de un carisma de autenticidad mucho más seductor que la racionalidad burocrática que había terminado por convertir al laborismo en algo irrelevante;  Max Weber lo habría reconocido enseguida.

El principio de la campaña fue duro, contaba con pocos colaboradores y con malas perspectivas.  – Me presenté porque no se presentaba nadie a defender estas ideas– reconoció con cierta resignación. Comenzaron los actos y poco a poco fue sumando apoyos. Para sorpresa general, la intención de voto entre la militancia iba en aumento mientras las críticas a su candidatura se volvían más gruesas y virulentas. Como un producto vintage que ha vuelto a las tiendas con encanto renovado, como esos vinilos en riesgo de extinción que se han convertido en objeto de deseo del capitalismo de seducción, como los vaqueros acampanados y de tiro alto que empiezan a resucitar cuando nadie lo esperaba, el candidato Corbyn se estaba revelando como uno de los políticos del momento. Era la historia del artista underground que de repente se ve escalando las listas de éxito casi por accidente, como los Nirvana del  Smell like Teen Spirit, los REM del Losing My Religion o a la añorada Amy Winehouse de Rehab.

Al final terminó imponiéndose en las primarías con el 60 % de los votos y la guerra interior se recrudeció. Buena parte del grupo parlamentario no lo veía ni capaz ni adecuado y muchas figuras relevantes del partido no dudaron en echar gasolina a las críticas y prenderles fuego. El mismísimo  Tonny Blair, envejecido y hueco, volvió al primer plano para criticarlo con fiereza; por momentos parecía que era el mayor desastre sufrido por Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. Se produjeron  dimisiones en bloque de miembros significativos para forzar su salida. No faltaron intelectuales de prestigio cercanos al laborismo como Stephen Hawking o Kent Follet que lamentaron el nuevo liderazgo como una gigantesca  desgracia. Se le culpó de ambigüedad y poca determinación en el Brexit y se intentó por todos los medios que renunciara al cargo por inepto. La presión fue tan asfixiante que al final consiguieron que se convocaran nuevas primarias que volvió a ganar de forma mucho más contundente.

Sin la aparición de las redes sociales,  de medios alternativos como The Canary y del gran éxito de Momentum, un movimiento que nació anti establishment y al margen del partido, que suma ya decenas de miles de activistas, y cuyo objetivo era reforzar el liderazgo de Corbyn y conseguir el mayor respaldo posible para sus políticas, no habría resistido tan formidable oposición. Theresa May convocó nuevas elecciones a traición para ampliar su mayoría absoluta y destrozar al laborismo divido y volvió a ocurrir lo inesperado.

Cuando todos pensábamos que los tiempos cínicos habían llegado para quedarse el líder laborista fue sumando los apoyos y la ayuda de mucha gente que se sintió concernida. Resulta sintomático lo que ocurrió en una esfera tan alérgica al compromiso como es el mundo del pop.  Stormzy, Akala, JME, AJ Trecey, Novelist y otros estrellones del combativo Grime sumaron fuerzas en  la plataforma Grime4Corbyn para impulsar su candidatura. Tampoco faltaron  habituales de la lucha como Billy Bragg o Primal Scream que se sumaron a la causa sin ambigüedades,  The Libertines pidieron el voto para el laborismo ante decenas de miles de jóvenes y Sleaford Mods se mostraron fieros en la defensa del honesto político laborista  frente a los traidores del partido. Hay un bonito video de Johnny Mar y Jeremy Corbyn  reclamando más y mejor educación, especialmente la destinada a los adultos. Years and Years y otras bandas rutilantes de la escena independiente explicitaron su apoyo y hasta big mouth Morrissey  enfadadísimo con la primera ministro Theresa May por su defensa de la caza del zorro se posicionó en favor del líder laborista. La banda  indie folk del norte de Londres  Wolf Alice llegó a proclamar en las páginas del NME :  “Jeremy Corbyn es la mayor banda indie del mundo”.

 Los últimos mítines de la campaña electoral se convirtieron en otra cosa, la gente esperaba  horas a que comenzara el acto, carteles de sold out y  muchos simpatizantes sin poder entrar. Emoción, admiración y mística se apoderaba de la sala como si se esperara a una estrella del pop.  Terminaban los teloneros, aparecía en el escenario el carismático frontman, Corbyn Super Star y el entusiasmo se desbordaba. Aplausos encendidos, interrupciones constantes, cánticos coreando su nombre,  fans buscando  camisetas y  merchandising cool. La izquierda desorientada y difusa tenía un líder en quien creer.

Los resultados electorales de junio confirmaron la gran sorpresa de la recuperación del laborismo. Así lo recogía el prestigiosos sociólogo Manuel Castells el 1 de Julio de 2017 en  su columna quincenal de la Vanguardia: “  (..) el porcentaje de voto para Corbyn fue del 40%, muy cerca del 42,5 % conservador (…)  los laboristas ganaron más de 31 escaños y acabaron con la mayoría absoluta de los conservadores (…) el cambio de opinión publica se debió esencialmente a la movilización masiva de los jóvenes, que votaron en un 64% en el grupo de 18-24 años en contra de su tradicional abstención y lo hicieron por Corbyn. La ventaja laborista fue considerable en los grupos de menos de 55 años y solo fue compensada por el voto ampliamente mayoritario para los conservadores a partir de los 55, y sobre todo de los 65 (…) fueron los sectores más educados los que apoyaron al laborismo. Osea la edad y la educación fueron más decisivos que los tradicionales criterios de voto de clase. Aunque también recuperó el voto sindical en zonas de vieja industrialización del norte y Escocia (…) Es claro, como señalaba el autor de la formidable La Era de la Información   que : (…) “se evidenció la existencia de un espacio político socialdemócrata que los propios laborista habían abandonado “ (…)

Aquella tarde de sábado en Glastonbury lucia el sol, se sentía  el viento suave en la piel y se podía percibir en el silencio receptivo y en las sonrisas de la multitud  la electricidad estática de la esperanzada. “ Permanezcamos juntos” – reclamó  con convicción – “ porque otro mundo es posible”. Los aplausos y gritos de aceptación  desbordaron  las colinas de la granja y volvieron los cánticos de Oh Jeremy Corbyn  Oh Jeremy Corbyn!!!!.  Después de mucho tiempo y cuando más desorientado se encontraba el Reino Unido, todo volvía a ser posible, solo faltaba un empujón.

El día en el que los mexicanos hicieron cola para rescatar sus libros

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Carlos Torres

Cuando Nicolás Casillas empezó a vender libros en el mercado de La Lagunilla no tenía ni idea de que fundaría una de las sagas de libreros más longevas del DF. Él sólo era un gran lector que quería rescatar sus novelas del fuego al que los había condenado su madre después de un juicio doméstico. De aquella condena y sus viajes posteriores al mercadillo para salvar su colección de literatura surgió una librería en la que entró a trabajar su cuñado, Ubaldo López Barrientos. Selva Hérnandez, la nieta de Ubaldo, es una de las dueñas de ‘A través del espejo, la librería de Álvaro Obregón que el martes 19 a las 13:14 de la tarde sufrió los estragos del sismo. El edificio no sufrió daños estructurales pero, en sólo un minuto, el rigor del terremoto echó por tierra el trabajo de dos años. La sección más afectada de la librería fue la de autores hispanoamericanos, tan lejos de los anglosajones y tan cerca del suelo. Desde esa hora, Selva no se ha quitado el delantal de faena y trabaja para poder devolverle la normalidad a su local: ‘Tenemos más de 120.000 ejemplares aquí, los estantes se cayeron unos encima de otros y muchos se destruyeron’, dice mientras advierte a los clientes que, si alguna pila de libros se tambalea, lo más importante es que pongan a salvo sus vidas.

Por suerte, los catorce trabajadores de la red de librerías la de la familia no sufrieron ningún daño durante el terremoto y trabajan a destajo desde el martes para que todo vuelva a su sitio. Muchos de ellos ordenan libros por el día y se marchan como brigadistas durante la noche. Esta semana no han sobrado manos en la Ciudad de México  y, aún así, la librería ha recibido muchos voluntarios para prestar su servicio. ‘Recibimos una ayuda muy bonita de una legión de adolescentes que vinieron a traernos tortas y café y a ayudarnos con los libros´, cuenta Selva desde la puerta de la librería. Los adolescentes eran los amigos de su hija Greta, la bisnieta de Uberto y cuarta generación de una familia que ha crecido entre el olor de páginas amarillas y mercadillos de viejo.  Greta se mueve con energía entre las estanterías, atiende a los clientes, canta los precios y busca los juguetes que ha recogido para donar a los albergues de niños. No es la primera vez que ve a su madre preocuparse por el género derrumbado porque, en abril, un fallo en la planificación de la carpintería causó un efecto dominó en las estanterías de ´La increíble´, su local de la calle Jalapa, y ya pasaron por esto.

‘Estoy harta de que se me caigan las librerías’, dice Selva Hernández, la patrona de la jungla de letras que hoy está tirada en el suelo. Por eso se le ocurrió hacer un llamamiento a través de las redes sociales para que los habitantes del DF le ayudaran a rescatar los libros damnificados por el temblor. Los ejemplares que se cayeron y están en el piso valen 10 pesos, apenas 50 céntimos de euro. “Estamos vendiendo libros baratos para poder recomponernos antes. Es mejor venderlos que tener que tirarlos”, dice Jaime Hernández, el padre de Selva que regenta Ático, una librería situada justo en el local de al lado y al que la sección de narrativa le provocó una avalancha que derrumbó varios estantes.

Los mexicanos han respondido a la llamada y hoy la cola de clientes dispuestos a ayudarles a salir del embrollo daba la vuelta a la esquina de la siguiente cuadra. ‘Estamos desbordados con la respuesta’, asegura Selva mientras su hija Greta hace pasar a la gente en turnos y les explica que tienen veinte minutos para llevarse un cupo máximo de quince libros. Apenas a quinientos metros de aquí, los rescatistas siguen su pelea contra el tiempo para encontrar alguien con vida. En Álvaro Obregón 286 una pancarta recuerda que “En el 85 hubo sobrevivientes hasta quince días después. La prisa la tiene el gobierno no el pueblo”. Un pueblo que al séptimo día del temblor no se permite ningún descanso y sale a la calle para ordenar el tráfico, cocinar tamales para los voluntarios, desescombrar edificios, detener la maquinaria pesada que amenaza con irrumpir en los derrumbes, adoptar a mascotas que se han quedado sin dueños, asistir a las familias que aguardan en la orilla de la calle a que la marea de rumores le traiga por fin buenas noticias y rescatar libros para apuntalar un México que a pesar de todo no sabe rendirse. “Nuestra librería siempre ha sido un oasis en mitad del caos del tráfico del DF y queremos que en momentos así lo siga siendo. Comprar libros puede ser una terapia”, dice Selva. Una terapia que parece que funciona porque en la cola de su puerta florecen por fin algunas sonrisas. Dentro, Jaime se afana en recolocar género mientras Greta vuelve a hacer pasar a otro turno de clientes porque qué otra cosa puede hacer estos días un miembro de una familia que se ha dedicado generación tras generación a la tarea de salvar libros.

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Un cielo Champagne Supernova (Las huellas de la desorientación II)  

 

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Where were you while we were getting high?

( Champagne Supernova, Oasis)

MARCOS RUBIO

Malditas fotos

En una de las imágenes se ve llegar a Downing Street a Noel Gallagher con su esposa de entonces Meg Matthews; detrás les siguen Alan McGee, jefe del sello Creation y  su novia. Los dos llevan trajes oscuros. Noel camisa azul claro por fuera y gafas de sol y Alan la lleva gris y zapatillas de deportes. Meg viste un vestido floreado en tonos ocres y aire hippy y la acompañante de McGee una falda corta y chaqueta. Llegan los cuatro fingiendo normalidad aunque se nota que nada es normal, saben que, desde que los flashes han comenzado a disparar, están haciendo historia. Otra instantánea muy repetida de la fiesta es la del líder de Oasis con una copa que parece llevar champan hablando con Tony Blair. Se les ve distendidos, lo están pasando bien y sonríen, el primer ministro lo hace de manera exagerada como muchas de las cosas que hizo después. Las fotos son del 8 de julio, habían pasado dos meses desde la llegada del laborismo al poder. Ese encuentro tan atípico, epitome de lo que vino a llamarse la Cool Britain, parece que había sido idea de Alastair Campbell, portavoz oficial del nuevo ejecutivo, en un intento algo cínico por vender modernidad, juventud y resaltar la llegada de un tiempo nuevo.

Algunas fotos son peores que otras y, para muchos, esa imagen del mayor de los Gallagher con el Primer Ministro es un ejemplo incontestable de la desactivación de la música pop como herramienta de crítica social y como vehículo para reflejar las angustias existenciales de la juventud. Reconozcamos que muy Anarchy in the UK no quedaba tanto jiji jaja con el premier británico pero resulta exagerado ver en ella la foto de las Azores del indie. –“Cuando el jodido Primer Ministro te envía una invitación, joder, tienes que ir”- declaró días después algo irritado un Noel que ha tenido que dar explicaciones, decenas de veces por acudir a aquella cita donde también estaba el escritor Nick Hornby, gente del cine como Ralph Fiennes, Helen Mirren, diseñadores, empresarios, personas del mundo de la moda y otras figuras de éxito cercanas al laborismo ¿Había algún motivo entonces para no celebrar la llegada de los suyos al poder?

Los psicólogos conocen muy bien como, para superar la disonancia cognitiva que arrastra una decepción profunda, un divorcio, un fracaso personal tendemos a re-evaluar todos los recuerdos en función de esa decepción. Esa mirada retrospectiva envenenada y amarga suele distorsionar lo que realmente pasó y como se vivieron entonces los acontecimientos. A muchos les puede parecer hoy increíble pero Tony Blair hizo historia al ser el primer ministro laborista que conseguía ser elegido tres veces consecutivas con mayoría absoluta. Además, mejoró los servicios públicos, la sanidad, la educación, impulso leyes a favor de gays y lesbianas y jugó un papel central en el Acuerdo de Viernes Santo que supuso el fin del conflicto abierto en el Ulster.

Finalizada la guerra tremenda en Yugoslavia y superados los zarpazos existenciales del grunge, los noventa cogieron velocidad animados por el crecimiento económico, la prosperidad, el desarrollo tecnológico y el impulso de una globalización deslumbrante. Fue un tiempo optimista, vital, a veces excesivo, desprejuiciado y hedonista que se filtró con facilidad en muchos de los estribillos del britpop y en la euforia festiva del big beat. El consumo de drogas recreativas se incrementó, se produjo el desembarcó del cosmopolitismo tonto de los cafés de Starbucks, se desbordó en las principales calles comerciales y en los rincones del deseo la fascinación imparable por los logos seductores que tanto enfadó a Naomi Klein. Clubs como Ministry of Sound, Heaven o Fabric disfrutaron de colas interminables a la entrada y de una proyección inesperada. El éxito de los recopilatorios confortables del Café del Mar se convirtió en sinónimo de consumo sofisticado y ese arte valiente que buscaba ser escabroso, resultó ser un gran éxito publicitario y comercial de la mano de Saatchi, de los tiburones de Damien Hirst y de la capacidad contrastada de provocar sensaciones y conseguir atención mediática del resto de los Young British Artis.

Climatología adversa

Kid A lo anunció y el terrible atentado de las Torres Gemelas confirmó que los 00 inauguraban un tiempo peor. La euforia hormonada de coca del Be Here Now quedaba lejísimos; el inquietante 100th Windows de Massive Attack advertía, con su letanías humeantes, sus decepciones, sus incertidumbres y hasta con una plegaria por Inglaterra el cambio meteorológico intenso que se había producido. El horizonte se cubrió de nuevos miedos y empezó a llover incertidumbre por todos los lados. La muerte del experto británico en armas David Kelly, tras filtrar información a la BBC, dejó bien claro que aquella broma ya no tenía gracia. La movilizaciones de Stop The War ganaron fuerza agitadas por el activismo de figuras referenciales del pop como Damon Albarn y Robert Del Naja. Las mentiras crecían y cada vez era más claro que la factura que el laborismo iba a pagar por participar en la guerra de Irak iba a ser enorme. Los grafitis de Banksy llevaron el malestar social a las paredes de Bristol y pronto del mundo entero pero Tony, ajeno a todo, siguió sonriendo.

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La noche electoral

La señora Thatcher dijo una vez con ironía y mala leche que el principal legado de sus gobiernos  había sido Mister Blair. Teniendo en cuenta lo que paso después, igual no le faltaba razón pero, en 1997, eso de la Tercera Vía parecía un gran invento y no una traición ¿Cómo conseguir que un electorado que llevaba apoyando a los conservadores desde 1977, que había respaldado electoralmente privatizaciones y el cierre de numerosas empresas públicas y que había legitimado una revolución conservadora que transformó las bases económicas, sociales y culturales del país cambiara el sentido del voto y viera en el laborismo la opción de gobierno más conveniente? Parecía entonces muy necesario construir un discurso nuevo, seductor, optimista, lleno de palabras como modernización, competitividad, desarrollo económico, apertura, mercados, crecimiento, riqueza, mejora de servicios públicos, reducción de la presión fiscal, sociedades abiertas, sostenibilidad, confianza y progreso para así poder sumar al electorado tradicional de izquierdas, los abstencionistas decepcionados y los votantes de derechas aburridos de John Major y del gris plomizo que lo impregnaba todo, incluido su guiñol en Spitting Image.

Recuerdo la noche electoral como un momento muy emocionante. Coincidió que era uno de mayo, algunos de los compañeros de la casa quedamos para disfrutar juntos un rato del show como si de una gran final se tratara. No nos podíamos acostar ni muy tarde ni muy borrachos porque al día siguiente se trabajaba. Todos los medios daban por descontada la victoria laborista pero no faltaban precedentes de derrotas inesperadas y nadie se atrevió a adelantar las celebraciones. Aviva había comprado sidra, yo cerveza San Miguel y Max apareció con unas cuantas latas de cerveza bitter. La BBC había empezado a emitir el especial elecciones con sus entrevistas y su panel de expertos. Creo recordar que Billy Bragg había anunciado que estaría actuando en el Mean Fiddler, un pequeño club del norte, para dejar bien claro que aquello del nuevo laborismo no iba con él. Jo también se unió a nosotros frente al televisor y Andy, que era  buen tipo pero muy lector del Daily Telegraph, prefirió refugiarse en su habitación, Al poco llegó el que faltaba, Joseph, un chico negro de buena familia que había dejado medicina en su tercer año para probar suerte en el mundo de la música. Venía con un bote enorme lleno de alitas de pollo y se encerró en su habitación para ver un programa de lucha libre que daban en la tele de cable. Nos quedamos los cuatro en la pequeña sala de estar viendo como llegaban los primeros resultados. Ningún de mis flatmates recordaba  un gobierno que no fuera conservador y esa posibilidad  les hacía ser precavidos.

Aviva, que era enfermera,  me contó que sus padres, traductores de francés y muy de izquierdas, se habían marchado años atrás a Francia asqueados de la vida en Londres y de Margaret Thatcher. Max, profesor de música en un cole y excelente trompetista de Jazz, esperaba un fuerte impulso a la educación, especialmente en los colegios del gobierno. El sistema electoral inglés, the first past the post, convertía cada escaño en una lucha en la que solo podía vencer uno. Todos celebramos de manera efusiva la derrota en su distrito de Michael Portillo, uno de los duros del partido conservador, hijo de un exiliado republicano español, de ademanes exageradamente atildados y muy muy pijo. Bebimos y aplaudíamos las victorias laboristas que se iban sucediendo. Los resultados iban a ser tan favorables como las encuestas habían vaticinado. En torno a las dos nos fuimos a dormir, aún quedaban escaños por asignar pero estaba claro que,  dieciocho años después, el partido de los obreros  había alcanzado el poder. Al cerrar la ventana de mi habitación me pareció intuir, más allá de las nubes y del alcohol, un cielo color champagne supernova que se dormía esperanzado y feliz.

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Las huellas de la desorientación

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I.- Jeremy Corbyn y Yo 

England is mine and it ows me a leaving

( Still ill, The Smiths)

Norte norte  

Las calles de Haringey olían a comino, a cebolla frita, a Kebab asado, a pescado enharinado en aceite hirviendo, a la verdura que exponían las tiendas de comestibles abiertas 24 horas, a aceitunas griegas, a suelos fregados con agua y lejía sin cambiar en días, a charcos sucios de la calle y al barro pobre del parque. Aquel trozo del A to Z, zona de confluencia geográfica de hinchas del Arsenal y del Tottenham, mezclaba a griegos, turcos, kurdos, negros, pakistaníes, emigrantes europeos y familias inglesas que, como yo, habían terminado en zona 3 buscando alquileres asequibles. Con veinticinco años Jeremy Corbyn se convirtió en concejal de ese distrito; era 1974 y en la radio sonaban Gary Glitter, Paul McCartney y los Wings, Queen, el Waterloo de Abba y el Rebel Rebel de Bowie. Esa edad tenía yo cuando, por pura casualidad, aterricé en aquel distrito del norte norte a más de una hora de las chicas del Westend, protagonistas de una de las mejores canciones de los Pet Shop Boys. Era mitad de los noventa y, para entonces, los grupos de Brit Pop ya eran dueños de las portadas de los semanarios musicales, Mr Corbyn  llevaba una década instalado en el cercano Finsbury Park como diputado de Islintong norte y el Nuevo Laborismo del rutilante Tony Blair era percibido, hasta para el periódico The Sun, como la opción más recomendable en las siguientes elecciones.

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Como otros suburbios de la capital, aquel borough se había  incorporado al gran  Londres en los primeros sesenta. Sus calles tejían un entramado urbano desordenado, heterogéneo y tirando a desastrado, de hecho, el council podía exhibir con arrogancia algunos de los sectores de viviendas más deprimidos del país. Mi parada de metro, Turnpike Lane, en la línea Picadilly, carecía de épica, era la primera de la zona 3 y a continuación llegaba la estación de Wood Green que te dejaba a las puertas de un flamante centro comercial construido en plena crisis del petróleo e inaugurado en 1981. Todos estábamos muy orgullosos de Wood Green Shopping Centre porque nos acercaba a un mundo de posibilidades y esperanzas. Sin duda, aquel edificio feo de ladrillos rojos era uno de los lugares favoritos de los adolescentes y de muchas familias del barrio; sus escaparates, adornados con lo mejor de la temporada, invitaban a confiar en un futuro mejor.

Turnpike_Lane_UndergrounD_Station._(150813-181822).jpgEn el parque descuidado que había antes de llegar al metro, paralelo a Green Lanes, era habitual ver a un grupo de unos quince o veinte treintañeros sentados en el suelo con sus botes de cerveza de alta graduación. Eran una mezcla de punkis envejecidos, desheredados de las últimas raves y travellers sin furgoneta y sin un destino al que acudir. Vestían camisetas negras, chaquetas de cuero, ropa militar y exhibían muchos  tatuajes descoloridos en sus pieles erosionadas de mugre y de intemperie. Por la tarde, con la mirada perdida de tanta cerveza strong, se subían al metro para conseguir algo de dinero – “ – spare some change please, spare some change–  era su letanía- .  Mendigar era la manera que habían encontrado de continuar con la utopía libertaria. Uno de estos damnificados por las revoluciones perdidas llevaba toda la cara tatuada de tinta azul formando una telaraña vieja y mal dibujada que recordaba a Inglaterra.

Otro cisne negro

Cuando Jeremy Corbyn decidió disputar las primarias del Partido Laborista frente a otros candidatos más modernos, telegénicos y, aparentemente, mejor preparados, su paso al frente fue recibido por los medios, incluso afines, como el intento de uno de esos parlamentarios excéntricos que aún resistían el paso del tiempo con su demagogia izquierdista y sus indisciplinas. Un residuo del pasado, una anomalía, un superviviente de aquel viejo socialismo perdedor que quedó fulminado por el thatcherismo, por la desaparición de los mundos solidos de la sociedad industrial, por la globalización, por el lavado de cara de Guiddens y Blair, por la financiarización de la economía, por el turbocapitalismo, por la revolución tecnológica, por el “bajar impuestos es de izquierdas”, por el desembarco de las grandes corporaciones y por el florecimiento de los rascacielos en la antigua metrópolis como si fuera un paraíso fiscal. Frente a la velocidad y los riesgos de unos tiempos fluidos, allí teníamos a un activista de las causas perdida y la justicia social, vegetariano, delgado, canoso de barba rala y pinta de profesor de secundaria, trajes de otras temporadas, bicicleta para desplazarse y un montón de ideas y convicciones derrotadas cientos de veces. La cosa se había puesto tan mal para los laboristas que en los últimos años toda la contienda política parecía reducida a una lucha entre conservadores eurófobos y conservadores más europeístas.

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No hay duda de que la aparición y consolidación de Jeremy Corbyn como líder solvente  ha sido uno de los imposibles de la temporada. Es un político tan raro que parece honesto y encima conoce el barrio; en la última contienda electoral estuvo en el parque pidiendo el voto y se reunió con los vecinos para conocer sus demandas de primera mano. Como es tradicional en el laborismo, hizo de la preocupación por el deterioro de los servicios públicos uno de sus ejes de campaña sin embargo, algo inaudito en un político británico en las últimas décadas, no mostró ningún interés en la reducción de impuestos. No ganó, pero sus resultados superaron tanto las expectativas que, ahora que el Brexit ha situado al país en un territorio desconocido, todo podría ocurrir. En Haringey, en Finsbury Park, en Wood Green y en esa otra Gran Bretaña de medias jornadas, cerveza caliente, música Grime, contratos cero, éxitos de los ochenta, sueldos escasos, recuerdos de Benidorm, saturación de los servicios, degradación de los entornos, comida basura, miedo a lo que vendrá y pérdida de oportunidades hay movimientos tectónicos en el electorado que nadie esperaba y se ha empezado a superar la disyuntiva fatal de elegir entre un tory codicioso o un laborista hipócrita. Cuando ya no lo esperaban han dado con un político que les pide que vuelvan a exigir una vida más justa y un gobierno para la mayoría. Quién sabe, igual hasta los punkis del parque descubren que también cuentan con ellos para hacer de ese reino disminuido un lugar mejor.

Marcos Rubio

Crónicas Sísmicas (II)

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Carlos Torres

I
Los helicópteros nos sobrevuelan a diario. De las Lomas a la Torre Bancomer, de Bancomer a un helipuerto en Santa Fe y, de Santa Fe, de nuevo a las Lomas. Las clases sociales de esta ciudad son también una lección de proporciones geométricas en la que hay un teorema irrefutable que dice que sólo los bolsillos más pudientes pueden moverse en línea recta. Puede que ahí tenga su origen la expresión tener una trayectoria prometedora. La única certeza es que, cuanto más pobre, más curvas tiene el DF.

II
Decía Martina Bastos, autora de ‘la lluvia es una cosa que sucede en el pasado’ en Etiqueta Negra, que “los gallegos tratan a la lluvia con la confianza de un amigo”. En Ciudad de México, sin embargo, la lluvia se parece mucho más a una pariente pesada que a veces basta con que amague con presentarse por casa para nublar todo el cielo. Ni siquiera tiene que aparecer, sobra con hacer pública su amenaza para que los planes para salir a dar una vuelta por ahí queden desbaratados. Otras veces, en cambi, caprichosa como es, la lluvia nos visita de repente y se pone a despotricar contra las obras de la calle, contra los vendedores ambulantes de la calle Michoacán y contra una pareja de quinceañeras que aprovecha para besarse en cada esquina.

Aún así, reconozco que la lluvia puede tener tardes memorables en mi colonia. A mí me gusta cuando viene fría y se lanza en tromba con su cháchara contra el polvo -mitad industrial, mitad tierra de Comala- que cubre todas las rendijas de la Ciudad. Qué agradable es entonces escucharla. Porque en el fondo, la lluvia es esa pariente pesada, sí, pero una pariente que cuando por fin se se va, sabemos que si alguna ya no está, la vamos a echar de menos.

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III
Cuando México sólo era una hipótesis, la gente con la que hablamos nos advirtió de una serie de peligros para que tomáramos nuestra decisión sobre la mudanza de una forma consciente. Subirse a taxis en la calle a la manera en la que estamos acostumbrados en Barcelona o Madrid siempre estaba en los puestos más altos de esa funesta lista. Nada de taxis. Como alternativa, la mayoría de mexicanos que conocemos se mueven de una colonia a otra a través de Uber o Cabify, las aplicaciones para móvil que tienen fama de seguras entre sus usuarios.

Hay toda una ceremonia pomposa en los Cabify. Primero el conductor se presenta, después te ofrece una botella de agua, luego investiga sobre la temperatura adecuada para ti y, por último, te pregunta que estación de radio quieres escuchar. Yo siempre dejo que sean ellos lo que escojan porque me parece que la frecuencia modulada es una buena autopista para conocer un país. Andrés, nuestro guía en el Centro, me contó que en México uno sabe que envejece cuando la música de su juventud empieza a sonar por Radio Universal. En eso pienso cuando veo a los jóvenes con sus altavoces a la sombra del Palacio de Bellas Artes. Pobres ilusos, todavía no saben lo rápido que llegará su Despacito a esa estación.

El domingo por la noche después de una fiesta en una casa particular utilizamos Cabify para volver al departamento. En esta ocasión, la conductora, después de presentarse y darnos agua, se disculpó por no poder ofrecernos cambiar el dial. Y es que todos los domingos a partir de las diez, todas las frecuencias de radio de México emiten el mismo programa: La Hora Nacional. La Hora Nacional es un programa gubernamental en el que el Gobierno Federal se hace con el monopolio de las ondas y aprovecha para transmitir su mensaje, poner canciones folclóricas y hablar de temas que cree importantes para el devenir de la nación. El programa empezó a emitirse en 1937 y es una de las pocas cosas que todavía une a los mexicanos a lo largo y ancho del país. Concretamente para apagar la radio en cuanto empieza, según me comenta Andrés.

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IV
En la esquina de Rafael Rebollar con José Morán hay unos bancos donde un señor mayor descansa muchas tardes. En el rato que espero a que Nia salga del trabajo mientras leo, el señor cambia varias veces de banco. En ese rincón de la San Miguel de Chapultepec, la luz gobierna la esquina pero es el anciano el que administra las sombras. Ya me cayó otra vez el sol encima, me dice mientras se levanta por cuarta vez y de nuevo alguien le cede un sitio, porque esa es la forma que tiene el cansancio de dar de las horas.

V
Por alguna extraña razón, cada vez que me encuentro un Escarabajo en el DF, las paredes que lo rodean adquieren el mismo color. A veces pienso que el famoso Wolskwagen, después de tantos años en la familia de los coleópteros, se ha decidido por fin a convertirse en todo un camaleón. Lo bueno de esta ciudad es que, detrás de su aspecto decadente, cada calle puede alumbrar su propia revolución.

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Crónicas Sísmicas

No hace ni dos semanas que la panza del avión viró hacia Ciudad de México y una constelación de luces apareció bajo nuestros pies. Arriba la oscuridad y abajo una interminable sucesión de mínusculas estrellas. Estábamos a punto de aterrizar en el universo desordenado del DF y nunca nos habíamos sentido tan pequeños como sobrevolando esta nación sísmica. Barcelona -todos nuestros amigos y nuestros bares- podría caber sin estrecheces en un barrio de esta ciudad. Pero atrás quedan las comparaciones sobre lo conocido, porque México es ese gran temblor entre Estados Unidos y el resto de América al que nos hemos mudado a vivir.

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I

El lunes conocí a un hombre que después de setenta años se reencontró por casualidad con la enfermera con la que perdió la virginidad. Él tiene ochenta y cinco años y ella noventa y dos. Se conocieron en una alberca de Acapulco. Juntos pasaron la polio que él contrajo en la capital cuando era adolescente. Su padre alquiló una casa en la costa y puso todos los medios a su alcance para que el hijo pudiera salir adelante. Ella participaba en la terapia de rehabilitación y él se sentía menos rígido cuando lo lanzaban a la piscina y se ponía a nadar. Una siesta de aquel verano ella se metió en su cama y aprovechó para curarle de paso la enfermedad de la pubertad. Desde aquel día, él se ha preguntado muchas veces si aquella tarde también formaba parte de su recuperación pero nunca ha sabido responderse porque al tiempo se casó y se marchó de México donde no volvió a residir hasta cuarenta años después.

Hace unas semanas sus sobrinas hablaban de la familia en una sala de espera cuando una anciana les sorprendió. Quiero ver a vuestro tío, les dijo. El hombre me contó que cuando volvieron a verse después de tanto tiempo se echaron a reír. Hoy dice el periódico que en Acapulco dos hombres armados han sembrado el pánico a tiros por el paseo marítimo. El hombre comenta la noticia y tuerce el gesto. México ha cambiado mucho desde su primer encuentro. Por suerte ella lo sigue llamando mi bebé, como si Florentino Ariza y Fermina Daza hubieran nacido a la vuelta de la esquina, en una colonia del DF.

A veces el tiempo es un abrazo que empieza y acaba en el mismo sitio.

II
Hay una pequeña plaza que hace esquina entre el circuito interior y la calle Patriotismo donde los bustos oxidados de un puñado de ilustres compositores mexicanos ven pasar los coches que viene del sur. Cada mañana pasamos por allí camino de San Miguel de Chapultepec y cada mañana nos encontramos con el mismo policía de tráfico que sestea apoyado entre el busto con busto prominente de Consuelo Velázquez y el perfil serio de Ricardo López Méndez, “El Vate”. Quizá las difuntas viejas glorias mexicanas necesiten de alguien que regule el paso del tiempo por sus estatuas y el policía durmiente sólo cumpla con su parte del trabajo.

Muchas veces pienso en sacarle una foto, pero luego me imagino esposado en un coche patrulla de la división de tránsito y se me pasan todos los impulsos de hacer clic. De todos modos, hoy hubiera sido un buen momento para hacerlo de no ser porque el huracán Franklin tocó la costa de México anoche y nos hemos levantado en una ciudad que se escurre por sus grietas. Por primera vez en mucho tiempo hemos pasado por la plaza de los compositores y no había rastro del policía. Esta mañana, José Alfredo Jiménez goteaba un corrido solitario en el parque y  hubiera sido bonito poder empaparse juntos con la cultura mexicana.

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III

Chevo y Javier son los hombres que vigilan la puerta de nuestra finca. Van uniformados con traje de chaqueta y corbata pero son ellos los que me llaman patrón a mí. Javier es alto, tiene el pelo blanco echado para atrás y es muy hablador. Chevo es chaparro, entrado en carnes, le sale vello negro por todos los orificios y apuntala con sus silencios cualquier conversación. Javier me recomienda lugares en los que comer cada vez que salgo por la puerta y Chevo asiente hasta que en un aparte me dice que no puedo irme de México sin probar el mole poblano de su mujer. Salga a la hora que salga siempre están en la puerta con un walkie en la mano para que los vecinos que vivimos aquí podamos sentirnos más seguros.

Chevo me contó que hace dos horas de trayecto para llegar hasta la Condesa y cuando por fin llega, le espera una jornada de setenta y dos horas seguidas sin dormir. Algunos utilizan mezclas más fuertes, nos dice guiñando el ojo, pero él aguanta a base de una mezcla de Nescafé con infusión de Coca que de solo olerla le hace revivir.

Ayer me enteré de que a Chevo lo han desplazado a otro lugar por ‘mugroso’ según Javier. Cuando ve nuestra cara de asombro se apresura en decir que es una broma de las suyas. Si quiere cuando se vaya su señora a trabajar le acompaño a las ladys, me dice. Le digo a Javier que no hará falta, pero yo ya sólo pienso en lo lejos que queda ya ese mole poblano que Chevo nos prometió.

IV
El domingo quedamos en Reforma y fuimos caminando a Polanco. Polanco es la matriuska más pequeña de la argamasa social del DF. Un planeta extraterrestre y millonario contenido dentro de una ciudad inmensa y desigual. A Polanco se llega bordeando el bosque de Chapultepec por amplias calles de acera regular y asfalto en buen estado. Además de ser una meca para los expatriados que pronuncian la zeta a la manera ibérica, el hombre que nos ayuda a buscar piso me cuenta que este es el “lugar de gente nice” y en el que más impuestos se pagan de toda Ciudad de México. Paseamos de arriba a bajo por Mazarik, la avenida llena de restaurantes españoles, concesionarios de alta gama y sucursales bancarias para fondos de inversión. No hay mucha diferencia entre circular por estas calles y hacerlo por cualquier barrio de clase alta de Barcelona, Madrid o Nueva York. A veces parece que la gente pudiente sólo pudiera vivir en macetas llenas de tierra que trasplantan de continente en continente allá a donde van.

 

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V

Estoy sentado en El Péndulo, un café librería de Álvaro Obregón. Frente a mí, un señor con ojeras de besugo adiestra a una candidata preocupada por el trasvase de votos del Movimiento Ciudadano a Morena en su delegación. El PRI no sube, le escucho decir mientras toman agua mineral, café y una ensalada de cifras y siglas que me da acidez sólo de escuchar. Quisiera apuntarlo todo pero he olvidado mi bolígrafo en casa y al preguntar cuanto me cobrarían aquí por uno la dependienta me ha dicho que 90 pesos por el más económico. Digo que no y me siento de nuevo, me niego no porque ya controle bien la cuota de cambio del euro a la moneda mexicana, pero acabo de comer en una fonda por ese precio y entiendo que no es bueno pagar por tinta más que por un menú de dos platos y cerveza. A mi izquierda una chica busca información sobre el museo de Frida Khalo y a la derecha tres chicos que parecen tener mi edad discuten, güey, sobre los costos de producción, güey, del departamento de ventas de su empresa, güey. Por más güey que usen la gente que trabaja con números siempre parece mayor. Cuando vuelvo a la mesa del besugo y la candidata, ella dice letra por letra que ‘la literatura es algo maravilloso’. No sé qué clase de piruetas ha dado la tarde para que lleguen a esa conclusión pero me preocupa que el hombre ojeroso asienta porque, no es que en cuatro días me haya vuelto un experto en política mexicana pero, hasta yo sé que esa frase no va a hacerle ganar votos en ningún país. Sobre la mesa tengo a la hoja en blanco de mi libreta mirándome con despecho. La chica de mi izquierda pide la cuenta y apaga el ordenador. Vamos a contratar a más gente, güey, no ganamos dinero pero no perdimos, güey, basta ya, güey. Y así es como pasan mis primeras tardes en esta ciudad.

VI

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No hace falta conocer a fondo el léxico mexicano para hacerse una idea de qué significa ponchan llantas. El matiz genial está en su gratuidad. Hay tan pocas cosas gratis hoy en día que a uno casi le entran ganas de aparcar frente a esas puertas retadoras que proliferan aquí y allá.

Por unos cuantos pesos y un examen de buena voluntad, podría tener licencia para poder acercarme en coche a una buena esquina del DF y dejar que me ponchen a discreción, pero como no quiero abrir un conflicto diplomático y ser yo el responsable del aumento del índice de peligrosidad, voy a pie de aquí para allá. Es un asunto curioso el de la seguridad. Uno tarda un poco en acostumbrarse a las concertinas, las alambradas electrificadas y el personal que vigila las puertas de los departamentos pero es un choque más cultural que una sensación de peligro real. El primer día un taxista me dijo que, evitando algún barrio como en toda gran urbe, Ciudad de México es una ciudad segura porque aquí ningún yihadista te va a volar la cabeza en nombre de Alá. Cada cual arrastra su sistema de referencias por donde va.

P. D. Qué clase de ironía es que se vendan cigarros en las farmacias.